El tiempo pasó volando y llegó el 80.º cumpleaños de Beatriz Moreno.
La residencia de los Moreno estaba adornada con luces festivas y repleta de invitados.
La familia Moreno era un linaje de gran prestigio, y en sus mejores tiempos, Beatriz había sido una famosa *Dama de Hierro*, una figura muy respetada en el mundo de los negocios.
Por tratarse de un cumpleaños tan importante, muchas familias ilustres se acercaron a presentar sus respetos y entregar regalos.
Beatriz lucía un elegante vestido de alta costura color carmesí con bordados dorados, con su cabello plateado recogido en un peinado impecable. En el cuello llevaba un collar de esmeraldas de valor incalculable, una reliquia ancestral de la familia Moreno.
Sentada en el lugar de honor, a pesar de sus ochenta años, sus ojos afilados seguían brillando con la misma intensidad, y cada uno de sus movimientos rebosaba la majestuosidad de la antigua *Dama de Hierro*.
A medida que los invitados se acercaban para felicitarla, ella los recibía con una cálida sonrisa.
Los demás miembros de la familia se encargaban de atender a los presentes.
Alba llevaba un elegante vestido color blanco perla con sutiles detalles plateados; en su cabello solo lucía un delicado prendedor de jade. Entre tantas joyas extravagantes y lujos en la sala, su estilo destacaba por su refinada sencillez.
Valeria, después de haber estado copiando textos en la Capilla de Meditación y haber cumplido su castigo, finalmente pudo salir para asistir a la celebración de su abuela.
Fiel a su estilo ostentoso, llevaba un llamativo y ajustado vestido rosa y lucía un exceso de joyas pesadas en el cuello. Parecía una nueva rica tratando de llamar la atención.
Como si tuviera miedo de que alguien olvidara que era la señorita de los Moreno.
Al ver llegar a la familia Quintana, Valeria se apresuró a recibirlos con excesivo entusiasmo. Cualquiera que no la conociera habría pensado que era ella la prometida de Patricio Quintana.
Al fin y al cabo, el círculo de la alta sociedad no era tan grande y todos habían escuchado sobre la alianza matrimonial entre los Moreno y los Quintana.
Alba mantuvo una expresión indiferente, ignorando por completo a la familia Quintana.
Los invitados siguieron llegando uno tras otro.
Beatriz había recibido muchísimos obsequios de gran valor, y le había pedido a Sara que llevara un registro detallado de todo.
Estos eran compromisos sociales que tendrían que ser correspondidos en el futuro.
En ese momento, Valeria dio un paso al frente y dijo con voz dulce:
—Abuela, su nieta le desea un mar de bendiciones y una vida tan larga como las montañas.
—Qué bueno, qué bueno, eres una nieta tan dulce —Beatriz reía sin parar, feliz por la ocasión.


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Los comentarios de los lectores sobre la novela: Esposa por contrato: La venganza de la heredera despreciada