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Ese príncipe es una chica: la esclava cautiva del rey vicioso romance Capítulo 15

-No deberías estar aquí, Em. Por favor, vete.

- ¿Y tú? ¿Qué haces aquí? -replicó Emeriel, lanzando una mirada nerviosa a las imponentes puertas de metal-. Vamos, salgamos de este lugar -insistió, tomando la mano de Aekeira.

- ¡No! -Aekeira se soltó bruscamente-. Necesito estar aquí. Pero tú, Emeriel, no deberías. Vete.

- ¿Qué? ¡No! ¡No tienes que quedarte aquí! ¡Nadie en su sano juicio debería! -Emeriel volvió a sujetarla, esta vez con más fuerza-. Vamos, Keira, por favor. ¡Vámonos!

- ¡No puedo, ¿vale?! -La voz de Aekeira se quebró mientras las lágrimas corrían, borrando su maquillaje.

Parecía deshecha, como si cargara el peso del mundo sobre sus hombros. Aquella imagen le atravesó el corazón a Emeriel como una daga.

Ya no intentaba soltarse; estaba demasiado cansada para luchar.

-No puedo irme, Em -murmuró entre sollozos-. Si lo hago, serás tú quien cruce esas puertas.

Emeriel retrocedió, horrorizado ante la idea.

Pero se recuperó al instante. -Está bien. Entonces iré yo-

- ¡No! -interrumpió Aekeira, con los ojos desorbitados-. No tú, Em. Nunca tú. ¿Me oyes? Yo lo haré.

Emeriel no quería entrar en esa cámara sellada con gruesas barras de metal. Solo pensar en la bestia que acechaba tras ellas lo paralizaba de miedo.

Pero haría cualquier cosa por proteger a Aekeira. Verla tan derrotada era un tormento que no podía soportar.

-Por favor, Keira, déjame ir. Quiero protegerte -suplicó Emeriel, con los ojos anegados y el labio inferior temblando por la emoción.

Aekeira negó con la cabeza y, esta vez, la atrajo hacia un abrazo. Emeriel se aferró a ella, enterrando el rostro en su cuello mientras las lágrimas corrían sin control.

-Solo por una vez, déjame protegerte -rogó Emeriel entre sollozos.

Aekeira se apartó suavemente y acarició sus mejillas, esbozando una sonrisa empañada por las lágrimas.

-Soy la mayor. Es mi deber cuidarte.

Emeriel quiso seguir discutiendo, pero la firmeza en la mirada de su hermana dejó claro que no daría marcha atrás.

-Está bien -murmuró al fin, rindiéndose.

La sonrisa de Aekeira se ensanchó un poco.

-Así me gusta. Esa es mi valiente hermana -dijo, besando su frente-. Ahora vete, por favor, antes de que regrese la señora Livia. Se fue al baño más cercano… solo para usar el orinal.

-Déjame escoltarte hasta la puerta -insistió Emeriel.

Aekeira abrió la boca para protestar, pero Emeriel ya había tomado su mano con delicadeza y la guio hacia adelante. Finalmente, cedió, permitiéndole liderar el camino.

Aunque Aekeira intentaba mantenerse firme, su mano temblaba en la de Emeriel y sus hombros estaban rígidos. El miedo era innegable.

Las lágrimas amenazaron con brotar de nuevo en los ojos de Emeriel, pero las contuvo parpadeando rápidamente. Si Aekeira debía enfrentar otra vez aquel tormento, lo mínimo que podía hacer era ser fuerte por ella.

Se detuvieron frente a las imponentes puertas de metal. Emeriel se volvió hacia su hermana.

-Te esperaré aquí, Keira.

Un gruñido bajo resonó tras la puerta.

Los ojos de Emeriel se abrieron de par en par. El sonido era tan escalofriante que un instinto primitivo le gritó que corriera, que huyera sin mirar atrás.

Aekeira también se sobresaltó, pero en lugar de retroceder, apretó con fuerza las manos de su hermana.

-Corre, Em. Sal de aquí. ¡Aléjate de las alas del sur, por favor!

- ¡Vámonos juntas! -insistió Emeriel desesperada.

¡Quédate, quédate, quédate!

Capítulo 15 1

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