Matilde apartó la mano de Elara.
—Es mi regalo de Fin de Año para Vali, no para ti. Le preparé uno a todos para entregarlos durante la cena. Como ya se van, se lo doy de una vez.
—Pero...
—Sin peros. No es mucho, solo para desearle suerte y alegría.
Silvia, viendo que el cariño de Matilde por la niña era genuino, le dijo a Elara:
—Acéptelo, señorita Rosales. Es un detalle de la señora. Si no lo hace, ella se pondrá triste.
Matilde fingió enojarse.
—No te quedas a pasar la fiesta conmigo, ¿y encima no dejas que Vali acepte mi regalo? Me voy a ofender de verdad.
Ante eso, Elara ya no pudo negarse.
—Le agradezco en nombre de Vali.
Matilde sonrió de inmediato.
—Así me gusta, muy obediente.
Elara tomó a Vali y se despidió. Matilde las acompañó hasta el auto y vio cómo se alejaban con tristeza. Pensando en la situación de Elara, no pudo evitar preocuparse por Renato.
¿Realmente podrían terminar juntos?
¿Podrían ser una familia?
—Ay...
Silvia, al escucharla suspirar, creyó que era por la partida de las invitadas y le habló con suavidad:
—Señora, la señorita Rosales y Vali viven en la Capital, habrá más oportunidades.
Matilde miró a Silvia, que ignoraba la situación, suspiró de nuevo y asintió.
—Entremos.
En el salón, después de que Matilde saliera con Elara, Isabel se acercó a Enrique y empujó su silla de ruedas hacia un pasillo apartado.
—Nuestro plan se fue a la basura, tenemos que cambiarlo.
Enrique la miró, confundido.

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