Residencial Lomas de Santa Fe.
El sonido del timbre resonó por la casa y Marta corrió de inmediato a abrir la puerta.
Renato entró apresurado y, al ver a Sebastián agachado frente a la alfombra de juegos entreteniendo a Vali, preguntó con ansiedad:
—¿Cómo está?
Sebastián lo miró y la furia se apoderó de él. Se puso de pie con el ceño fruncido y le reprochó:
—¿Todavía tienes el descaro de preguntar? ¿Acaso no sabes lo que le hiciste?
Renato no entendió a qué se refería, pero en el fondo de sus ojos oscuros se reflejaba una preocupación que no podía ocultar.
—¿Qué le pasó exactamente?
—Fueron demasiado intensos en la intimidad y la lastimaste. Tiene inflamación severa y desgarros. Una infección bacteriana fue lo que le provocó la fiebre.
Marta se detuvo en seco, sintiendo cómo el rubor le subía al rostro. ¡Dios santo, no estaba lista para escuchar algo así!
Echó un vistazo furtivo al hombre de postura impecable y aire noble que estaba frente a ella. Jamás imaginó que el señor Soler, alguien que siempre parecía tan frío, distante e inalcanzable, pudiera ser tan pasional y salvaje en la cama.
Apresuró el paso hacia la alfombra, levantó a Vali en brazos y se dirigió a la habitación de la niña.
Al escuchar las palabras del médico, un fugaz destello de vergüenza atravesó los ojos de Renato, pero logró disimularlo rápidamente y preguntó con voz tensa:
—¿Cómo está ahora?
—Al darme cuenta de que algo andaba mal, llamé a una ginecóloga de mi entera confianza. Está en la habitación atendiéndola.
Renato lanzó una mirada hacia la habitación de Elara, reprimiendo la angustia en su pecho, y se sentó en el sofá.
Sebastián tomó asiento junto a él y no dudó en soltarle:
—Renato, no es por molestar, pero te comportaste como un animal. Dejaste a una mujer perfectamente sana en ese estado. Te faltó demasiado autocontrol.
Renato sintió una punzada de culpa.
—Fui drogado.
—Esa sustancia actúa de forma lenta. Con el dominio que tú sueles tener, la situación no debió haber llegado a este extremo.
Lo que Sebastián no sabía era que el deseo oscuro y acumulado durante tanto tiempo en el corazón de Renato había estallado. Al encontrar una vía de escape, simplemente perdió los límites. Frente a Elara, su supuesto autocontrol no era más que una barrera de cristal frágil a punto de romperse.
Antes de que Renato pudiera decir algo más, Sebastián continuó:


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