No imaginó que fingir un resfriado se volvería realidad. Haber estado desnuda casi toda la noche y sudar tanto en pleno invierno, seguramente había provocado que se enfermara.
Elara no tuvo más remedio que pedir permiso para irse a casa. Allí siempre tenía a la mano medicinas para el resfriado y para bajar la fiebre.
Al llegar, se tomó una pastilla y se acostó. Una leve fiebre causada por un resfriado debería mejorar con medicina y una buena siesta.
No supo cuánto tiempo durmió. En medio de la confusión, le pareció escuchar sonar su teléfono y quiso contestar, pero los párpados le pesaban como plomo y no podía abrirlos. Sentía todo el cuerpo adolorido y sin fuerzas; moverse siquiera era una tortura.
Marta, que acababa de salir de la cocina después de preparar la cena, escuchó que el teléfono en la habitación de Elara no dejaba de sonar. Se acercó a la puerta.
—Lara, está sonando tu teléfono.
Elara hizo un esfuerzo enorme por abrir los ojos en la habitación oscura. El resfriado parecía haber empeorado. Su cuerpo estaba caliente y débil; la fiebre no solo no había bajado, sino que se sentía peor. Tenía que levantarse a tomar algo para la fiebre.
Eso pensó, pero su cuerpo no le respondía en absoluto. No tenía fuerzas para moverse.
—Marta, contesta por mí, por favor.
Su voz sonaba mucho más ronca por la fiebre.
Marta entró preocupada, encendió la luz, tomó el teléfono de la mesita de noche y contestó.
—Señorita Ávila.
—¿Marta? ¿Dónde está Elara?
—Mi niña está con un resfriado y tiene fiebre, está durmiendo —explicó Marta mientras miraba con angustia a Elara en la cama. Estaba con los ojos cerrados, muy agotada y con un rubor alarmante en las mejillas.
—¿Eh? ¿Es grave?
Marta extendió la mano y tocó la frente de Elara, asustándose por lo hirviente que estaba.
—Señorita Ávila, la niña tomó medicina y durmió toda la tarde, pero ahora la fiebre le ha subido mucho. La dejo, tengo que llevarla al hospital.
—Vaya, dese prisa.
Elara, que no estaba completamente dormida, escuchó que era Violeta Ávila, quien seguramente llamaba por la Gala de Primavera de esa noche. Con ese estado, era obvio que no podría asistir.

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