Corporación Grimaldi.
Víctor entró a su oficina revisando unos documentos, pero se detuvo cuando escuchó la carcajada desde el sofá.
Daniel estaba desparramado ahí, con un vaso de agua en la mano y una sonrisa burlona.
—Hermano, pareces un camarón —soltó Daniel, señalándole la cara y el cuello—. Se nota que te pegó duro el sol caribeño.
Víctor rodó los ojos, pero no pudo evitar sonreír mientras dejaba las carpetas sobre el escritorio.
—La pasé increíble, Daniel. Salvo por unas cositas.
Daniel se enderezó de inmediato, apoyando los codos en las rodillas, con los ojos brillando con ganas de saberlo todo.
—¿Qué será? Cuenta el chisme.
—Antes de que sigamos hablando tonterías, ¿dónde está Fernando? —lo cortó Víctor, sentándose en su silla.
—Trabajando como un burro con Lucía. Está metido de cabeza en uno de sus casos de investigación, dijo que luego venía a la empresa.
—Perfecto, porque necesito conversar con él de unas inversiones urgentes —murmuró Víctor, revisando su agenda.
—Ajá, muy bien los negocios, pero no me cambies el tema —insistió Daniel, cruzándose de brazos—. Suelta. ¿Salvo qué cositas? El chisme me gana.
Víctor soltó un suspiro pesado, pasándose una mano por el cabello.
—Amanda sigue empeñada en encontrar a Carlos en mí.
Daniel soltó una carcajada corta y negó con la cabeza.
—Bueno, hermano, no le veo nada de malo. Es como un fetiche, un juego de roles. Véalo así y no te amargues la vida por eso. Lo importante es que están juntos y se ven felices.
—Eso sí —concedió Víctor, aflojándose la corbata—, pero no deja de ser incómodo competir contra un disfraz que yo mismo inventé.
—Ya, relájate. Mejor cambiemos de tema para desestresarnos —propuso Daniel, poniéndose de pie con entusiasmo—. ¿Sabías que abrieron un club de chicas malas, de súper élite, en un área privada en Bel Air? Cero prensa, exclusividad total. ¿Crees que me puedas acompañar?
Víctor lo miró como si le hubiera salido una segunda cabeza.
Había terminado arrastrado al club por un grupo de inversionistas solteros con los que acababa de cerrar un trato, ya que sus amigos lo habían dejado solo.
Estaba aburrido. Los inversionistas no paraban de hablar de tonterías y de presumir su dinero.
Daniel, con la paciencia al límite y unas ganas urgentes de liberar la tensión acumulada de la semana, decidió cortar por lo sano.
Fue directo a la gerencia, pagó una fuerte suma por una de las habitaciones VIP y pidió que le enviaran a la mejor mujer que tuvieran disponible.
Quería follar, vaciar la mente y largarse. Nada de charlas.
El ascensor lo dejó en un pasillo oscuro y elegante. Entró a su habitación, se quitó el saco del traje, aflojó su corbata y se sirvió otro trago en el minibar.
Apenas se estaba llevando el vaso a los labios cuando la puerta se abrió.
Daniel giró la cabeza. La mujer que entró cerró la puerta a sus espaldas con una lentitud calculada.
Llevaba un vestido de seda negra tan pegado al cuerpo que parecía pintado, con un escote peligroso y unos tacones de aguja que la hacían lucir atrevida.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Engañada por mi esposo: mi amante perfecto era mi esposo.
El contenido del capitulo 21 es el capitulo 19. Si repite, por favor, pueden verificar?...