Víctor se quedó de pie en el borde de la terraza, apoyando las manos en la baranda de madera mientras miraba las olas oscuras que rompían con fuerza en la orilla.
El viento de la madrugada le daba de frente, enfriando el sudor de su piel, pero por dentro sentía que le hervía la sangre.
Ya quería dejar a Carlos atrás. Había enterrado a ese personaje, o al menos eso intentaba, pero Amanda siempre encontraba la manera de traerlo de vuelta.
¿Para qué borrarlo del mapa si ella se aferraba a él? Sintió un ligero cosquilleo de frustración atravesándole la mente; un nudo en el estómago que le resultaba hasta ridículo.
¿Qué clase de hombre se sentía amenazado por un fantasma que él mismo había inventado?
Justo en ese momento, sintió el cuerpo cálido de Amanda pegándose a su espalda.
Ella lo rodeó por la cintura con ambos brazos, apoyando la mejilla en sus omóplatos desnudos.
La borrachera ya había cedido bastante después de lo que acababan de hacer, dejándola más lúcida y conectada con la realidad.
De inmediato notó la tensión en los hombros de su esposo. Él estaba demasiado serio, demasiado rígido para alguien que acababa de tener el mejor sexo de su vida.
—¿Qué te pasa? —le preguntó ella, bajando el tono de voz, acariciándole el abdomen con suavidad.
Víctor suspiró pesado, sin apartar la vista del agua negra.
—Que al parecer Carlos se niega a irse —respondió con la voz áspera—. O más bien... tú no lo quieres soltar.
Amanda se quedó quieta.
Las manos le pesaron un poco sobre el vientre de él. No respondió de inmediato, tratando de procesar el reclamo en las palabras de su marido.
—Cómo lo extrañaba... —murmuró ella finalmente, casi en un suspiro involuntario, apretando un poco más el abrazo.
Víctor se soltó de su agarre con un movimiento brusco y se dio la vuelta para encararla. La miró desde su altura, con el ceño fruncido y una molestia real brillando en sus ojos azules.
—No necesito fingir ser otro hombre para hacerte perder el control, Amanda —susurró él, abriendo los ojos, y esta vez, la mirada que le lanzó era cien por ciento la de Víctor Grimaldi—. Si quieres que te quite el mando, solo tenías que decírmelo. Puedo ser igual de rudo o más, pero siendo yo. Sin disfraces. Sin nombres falsos.
Amanda sintió un escalofrío delicioso recorrerle la columna. La promesa en los ojos de Víctor era mucho más peligrosa y excitante que cualquier personaje inventado.
—Demuéstramelo, entonces —lo retó ella en un susurro provocador, mordiéndose el labio inferior—. Hazme olvidar a Carlos de una vez por todas.
A Víctor se le curvó una sonrisa cargada de arrogancia y deseo puro. No dijo una sola palabra más.
Le apartó el cabello del cuello de un manotazo y hundió la cara en su piel, mordiendo justo en el punto donde latía su pulso.
Amanda soltó un jadeo, aferrándose a sus hombros anchos cuando él bajó las manos hasta sus glúteos, apretándolos con posesión absoluta.
La besó con una mezcla de ternura y vehemencia, dejándole claro quién era el dueño de cada uno de sus suspiros.
Sin darle tiempo a pensar, Víctor se lanzó sobre ella, levantándola del suelo de un tirón para llevarla directo hacia la cama de la cabaña, dispuesto a borrar cualquier rastro de Carlos a base de puro fuego.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Engañada por mi esposo: mi amante perfecto era mi esposo.
El contenido del capitulo 21 es el capitulo 19. Si repite, por favor, pueden verificar?...