El área VIP del Club Escape estaba sumida en una penumbra elegante, pero ni siquiera el ambiente exclusivo lograba calmar el mal humor de Alexander Donovan.
Sentado en el sofá de cuero negro, con un vaso de cristal en la mano, miraba con profundo desprecio a las dos mujeres que Jake le había llevado minutos antes.
Eran hermosas, de curvas pronunciadas y vestidos muy cortos, pero para el canadiense en ese momento, no eran más que chicas del montón que no lograba sacarle la ira de la cabeza.
—Lárguense —ordenó Donovan de repente, con un gesto frío y cortante con la mano.
Las chicas se miraron confundidas, pero al ver la dureza en los ojos del millonario, se levantaron sin decir una palabra y salieron rápido del reservado.
Jake, que observaba todo desde la entrada, se acercó de inmediato frotándose las manos, tratando de controlar la situación antes de perder el dinero de la noche.
—Señor Donovan, ¿hay algún problema? —preguntó Jake, manteniendo su sonrisa ensayada de anfitrión—. ¿No fueron de su agrado?
—Quiero una chica fina, Jake. No estas mujeres vulgares que me traes —soltó Alexander, dejando el vaso sobre la mesa con un golpe seco—. No estoy de humor para lo mismo de siempre.
Jake frunció el ceño levemente, desconcertado por el cambio de actitud.
—Señor, pero si la morena es la misma chica de la otra noche. Usted quedó encantado con ella...
—Pues ya no me apetece — lo cortó Donovan repentinamente, apretando la mandíbula al recordar la cara de superioridad de Víctor Grimaldi. Aún le hervía la sangre de solo pensar en cómo lo había arrinconado en su propia oficina. —. Quiero algo distinto. Necesito a una mujer que tenga clase, una mujer elegante, sofisticada... como...
La imagen de Amanda cruzó por su mente como un relámpago.
Recordó su porte, su vestido perfecto y la inteligencia en su mirada mientras hablaba de negocios.
Apretó la quijada con fuerza y se tragó sus propios pensamientos antes de hablar de más.
—¿Cómo quién, señor Donovan? —indagó Jake, tratando de leer la mente de su mejor cliente para poder complacerlo.
Alexander parpadeó, disimulando su desliz rápidamente con una postura arrogante.
—¿Es que no tienes más mujeres en tu repertorio? —atacó—. Me vendiste este lugar como el mejor de la ciudad. Demuéstramelo.
Jake sintió la presión.
Sabía que un cliente con la billetera tan gorda como la de Donovan no se podía dejar ir bajo ninguna circunstancia.
Le hizo una seña rápida a Mario, que estaba de guardia cerca de la puerta.
—Tráeme el catálogo viejo de mi oficina. Rápido —le susurró.
Su plan era simple: mostrarle el perfil de Brenda.
Esa foto era de sus mejores épocas, cuando era la más cotizada de todo el lugar y con la que Jake había hecho muchísimo dinero en el pasado.
Su plan original jamás había sido que Melissa volviera a la pista a trabajar para otros hombres; él la quería para él, a su lado.
Pero frente a él estaba Alexander Donovan, un hombre dispuesto a pagar fortunas. Jake era, por encima de todo, un hombre ambicioso.
Su avaricia comenzó a devorar sus celos rápidamente. Un cliente de ese nivel no lo iba a perder por nada del mundo, ni siquiera por Melissa.
—Ella... hoy no está —respondió Jake, carraspeando para recuperar la voz y ganar tiempo.
Donovan cerró el catálogo con lentitud, satisfecho al notar el evidente nerviosismo en la cara del dueño del club. Eso solo confirmaba que la rubia valía la pena.
—Bien. Cuando esté, hacemos negocios serios tú y yo —sentenció Donovan, recostándose en el sofá—. Por ahora, solo tráeme tu mejor bebida y manda a una chica guapa para conversar y que me sirva los tragos. Te dejaré un buen dinero esta noche, Jake.
Alexander metió la mano en el bolsillo interno de su saco, sacó un fajo grueso de billetes y lo tiró sobre la mesa.
—Y me traes a esa rubia para la próxima.
Jake miró el dinero, con los ojos brillando de codicia.
—Lo haré, señor.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Engañada por mi esposo: mi amante perfecto era mi esposo.
El contenido del capitulo 21 es el capitulo 19. Si repite, por favor, pueden verificar?...