Jake permanecía en silencio, soltando el humo del cigarrillo mientras recordaba la cara de Melissa; sabía que sus promesas valían tan poco como el humo que se desvanecía en el techo.
Mario, que conocía todas sus mañas desde hacía años, lo observaba desde el otro lado del escritorio con los brazos cruzados y la duda pintada en la cara.
No terminaba de creerse el cuento de que Melissa hubiera regresado solo por "negocios".
—Melissa cree que me tiene en sus manos, Mario —soltó Jake con una risa amarga y cargada de cinismo—. La muy puta cree que soy imbécil, que con una simple cogida me tiene comiendo de su palma y que voy a salir corriendo a arriesgar mi pellejo por sus aires de grandeza.
Mario se encogió de hombros, ajustándose la chaqueta.
—Entonces no la vas a ayudar. Se veía muy segura cuando salió de aquí.
—No de la forma que ella cree… —Jake se puso de pie y caminó hacia el ventanal que daba a la pista del club—. Sabes perfectamente que la quiero de vuelta, Mario. Pero la quiero aquí, bajo mi control. Si ella se convierte en la esposa de ese millonario, la perdería para siempre.
—Melissa es muy ambiciosa —comentó Mario, negando con la cabeza—. Mira que todavía insiste en ser la señora del tal Grimaldi.
—Siempre lo fue —afirmó Jake, apretando los puños—. Le gusta lo bueno, le gusta el lujo, y la muy cretina sabe que tiene el cuerpo y la astucia para lograrlo. Pero ahora siente que el tipo se le está yendo de las manos, que la esposa le ganó el terreno. Por eso cree que puede venir a usarme a su conveniencia, como si yo fuera un matón a su servicio.
—¿Qué vas a hacer por fin? —preguntó Mario con curiosidad—. ¿Vas a encochinar a la esposa o no?
—Ya verás… haré lo que me convenga a mí, no lo que ella me pide —sentenció Jake con una mirada fría—. Melissa necesita recordar quién manda. Pero por ahora, tenemos otros asuntos. Mario, tengo esta noche a un hombre muy importante como invitado y quiero que me prepares a la mejor chica que tengamos.
—Está bien, Jake. Eso haré.
***
En su apartamento, Melissa no podía quedarse quieta. Iba y venía por la sala con una copa de vino en la mano, bebiendo como si celebrara una victoria anticipada.
Brenda, sentada en el sofá, la seguía con la mirada; ella era la única que sabía de qué fango venía Melissa y, por lo mismo, no compartía su alegría.
La seguridad se transformó en una sombra de miedo que intentó ocultar rápidamente. Se acercó a la ventana y miró hacia la ciudad, apretando los dientes.
—No me puedo arriesgar, Brenda. No ahora —susurró Melissa con voz ronca—. No puedo permitir que Víctor descubra que Mattias no es su hijo. Si eso llega a pasar, allí sí que me quedo sin el chivo y sin el mecate. Perdería la pensión... lo perdería todo.
—Esa es una bomba de tiempo —dijo Brenda en voz baja—. Un examen de ADN, un comentario indiscreto de Jake, cualquier cosa puede hacer para que todo se derrumbe.
—Jake es un imbécil y hará lo que yo le diga —sentenció Melissa, girándose con los ojos encendidos—. Por eso necesito que Amanda desaparezca del mapa. Mientras Víctor esté distraído con el escándalo de su esposa perfecta, no tendrá tiempo de hacerse preguntas sobre Mattias. Tengo que mantenerlo ocupado, tengo que ser yo quien lo consuele cuando esa estúpida caiga. Es mi única salida, Brenda. O soy la Señora Grimaldi, o termino en la calle. Y yo no nací para ser pobre otra vez.
Brenda suspiró, sabiendo que no había forma de hacer entrar en razón a su amiga.
Melissa estaba dispuesta a arrastrar a todos al abismo con tal de no soltar la teta de la fortuna Grimaldi.
—Solo espero que Jake sea tan estúpido como tú crees —concluyó Brenda—, porque si él decide jugar su propia carta, la primera cabeza que va a rodar será la tuya.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Engañada por mi esposo: mi amante perfecto era mi esposo.
El contenido del capitulo 21 es el capitulo 19. Si repite, por favor, pueden verificar?...