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Engañada por mi esposo: mi amante perfecto era mi esposo. romance Capítulo 77

Melissa conducía con la ira quemándole las manos; la imagen de Amanda victoriosa en el penthouse era una espina que solo la venganza podría arrancar.

Llegó al club de Jake, ese antro que representaba el pasado que tanto intentó ocultar tras su nueva vida de lujos.

Sin pedir permiso, subió directo a la oficina privada y entró de golpe.

Jake, rodeado de fajos de billetes y humo de cigarrillo, no se sorprendió.

Al contrario, se reclinó en su silla con una sonrisa cínica, disfrutando de verla entrar como quien espera un banquete que sabía que tarde o temprano regresaría a su mesa.

—Sabía que no tardarías en volver, conejita —soltó él con esa voz que le recorrió la espalda a Melissa—. El buen hijo siempre vuelve a casa, y tú siempre vuelves a mí cuando el mundo te da la espalda.

Melissa cerró la puerta y caminó hacia él, manteniendo la barbilla en alto a pesar de que la marca de la bofetada de Amanda aún era visible.

—No te confundas, Jake. Porque no pienso volver contigo y mucho menos a esta vida —dijo ella, clavando sus ojos en los de él—. Si estoy aquí es por negocios, no por nostalgia.

Jake soltó una carcajada seca, soltando el humo del cigarrillo hacia el techo.

—¿Esta vida? Por favor, Melissa... no te olvides de que esta vida te sacó del chiquero de donde venías en tu miserable país. Antes de conocerme, no eras más que una niña con hambre y sueños demasiado grandes para tu bolsillo. Yo te hice mujer…

—Mi pasado no viene al caso ahora —le espetó ella, golpeando el escritorio con las palmas de las manos—. Solo vivo el presente y eso lo tengo muy claro. Necesito que me ayudes, Jake. Y sé que eres el único con el estómago lo suficientemente fuerte para lo que tengo en mente.

Jake apagó el cigarrillo en un cenicero de cristal y se inclinó hacia adelante, intrigado.

—¿Para qué quieres mi ayuda exactamente?

—Para destruir a la mujer de Víctor —dijo ella—. Quiero verla en el lodo. Quiero que Víctor sienta asco de solo respirar el mismo aire que ella. Quiero que su reputación de señora de sociedad vuele por los aires en mil pedazos.

Jake arqueó una ceja, soltando una risita burlona.

—¿Y qué ganaría yo con eso? Arriesgarme con un tipo como Grimaldi no es barato, Melissa. El hombre tiene poder. ¿Por qué iba yo a mover un dedo para cumplir tus berrinches de mujer despechada?

Melissa rodeó el escritorio lentamente, con ese contoneo de caderas que sabía que volvía loco a Jake. Se detuvo detrás de él, pasando sus uñas por sus hombros.

—Mucho... ganarías mucho. Míralo de esta manera, Jake: si yo logro quitar a esa mosca muerta del camino y me convierto finalmente en la única y verdadera Señora Grimaldi, tú también disfrutarías de esa fortuna.

—Esto es solo un adelanto en físico, querido... el resto será monetario cuando ella esté hundida —susurró, mientras lo atraía hacia ella por la nuca.

Jake no pudo más. El autocontrol se le escapó por la ventana mientras la atraía hacia él con brusquedad.

La tiró sobre el escritorio, apartando los papeles y los billetes con un movimiento violento.

La folló allí mismo, de manera sucia, desesperada y animal, en un acto que no tenía nada de cariño.

Melissa gemía, pero no por placer, sino por el sabor de la venganza que ya empezaba a sentir en la boca.

Cada embestida de Jake era un paso más cerca de ver a Amanda destruida.

Cuando terminaron, Melissa se arregló el vestido con calma, mientras Jake recuperaba el aliento, todavía impactado por la intensidad de la mujer.

—Ya tienes el adelanto —dijo ella, limpiándose los labios y poniéndose las gafas de sol—. Ahora muévete. Quiero resultados pronto, Jake. Quiero que para cuando Víctor se dé cuenta, ya sea demasiado tarde para salvar a su preciosa esposa.

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