Corporación Grimaldi.
Víctor intentaba ahogar el recuerdo de Amanda firmando contratos a lo loco. Quería borrar la antipatía en sus ojos y el golpe del anillo en su cara, pero era imposible.
Desde el pasillo, Daniel y Fernando lo miraban a través del cristal, notando la rabia con la que tiraba la pluma sobre el escritorio.
Al darse cuenta de que lo observaban, Víctor levantó la vista y les hizo una seña para que entraran.
—Los dos a mi oficina. Ahora —soltó por el intercomunicador.
Daniel y Fernando entraron disparados, cerrando la puerta tras de sí.
Víctor ni siquiera los dejó sentarse. Se paró, se acomodó el saco y los miró con esa clásica actitud sobrada de jefe que no acepta discusiones.
—Fer, necesito que te pongas con esto ya mismo —dijo Víctor, yendo directo al grano—. Quiero que desblindes el contrato de matrimonio de Amanda y mío. Busca la rendija, el hueco legal, lo que sea. Si hay una penalidad por ruptura anticipada, me importa un bledo, la pagaré completa. Le voy a dar el divorcio a Amanda.
Daniel abrió los ojos de par en par, soltando un silbido de asombro.
—¿Ahora sí? ¿Tan fácil te vas a rendir, Grimaldi? —soltó Daniel con ironía—. Eres demasiado impredecible. Ayer querías conquistarla y hoy le abres la puerta para que se largue.
Víctor lo miró con una frialdad que habría congelado el infierno.
—No me estoy rindiendo, Daniel. Estoy siendo realista —sentenció con voz dura—. Ella no me quiere ver ni en pintura. Me tiene asco, y con razón. No voy a quedarme aquí rogando como un perro herido. Si ella quiere estar lejos de mí, le voy a dar lo que pide. Yo sé lo que siento, sé que la amo, pero no la voy a amarrar a una mentira. Estaré solo, resolveré mis desastres y seguiré adelante. Y que quede claro: con Melissa no vuelvo ni que me paguen.
Fernando, que había estado escuchando con su habitual calma de abogado, negó con la cabeza y se cruzó de brazos.
—Víctor, tú mismo me pediste que blindara ese documento hace años. Hicimos un contrato de hierro para proteger los activos de la familia y la estabilidad de la corporación. No es soplar y hacer botellas.
—Pues rómpelo, Fer. Para eso te pago.
—No es un tema de dinero, es un tema de cláusulas —explicó Fernando con firmeza—. El documento está tan bien armado que, legalmente, ambos tienen que esperar a que se cumplan los cinco años de matrimonio para disolver la sociedad conyugal sin que la empresa se vaya al piso. Faltan dos años, Víctor. Si lo intentamos romper ahora, el escándalo y las pérdidas legales serían monumentales.
Víctor golpeó el escritorio con el puño, frustrado.
—¡Maldita sea! Si Amanda se entera de esto, va a pensar que estoy usando el contrato para retenerla a la fuerza. Va a creer que es otra de mis jugadas sucias.
Fernando se acercó un poco, tratando de suavizar el ambiente.
—Escúchame, déjame que yo hable con ella. Le explicaré los términos legales, pero no iré solo. Hablaré con Lucía para que me acompañe. Ella es su mejor amiga, Amanda confía en ella y Lucía sabe cómo calmarla. Entre los dos le haremos entender que esto no es un capricho tuyo.
Víctor suspiró, dejándose caer en la silla, derrotado por la lógica de su amigo.
—Hazlo. Pero dile que el apartamento de la playa y la cuenta de ahorros están a su nombre desde ya. Que haga lo que quiera, pero que no piense que la tengo secuestrada.
***
Mientras tanto, al otro lado de la ciudad, el ambiente era muy distinto.
—Jake, aquí tienes lo que me pediste. El investigador trabajó toda la noche.
Jake se tensó. Se sentó en el borde de un sillón, dejando el vaso a un lado, mientras Mario le entregaba la carpeta.
Al abrirla, la primera foto que vio lo dejó frío por un segundo.
Era un hombre sumamente elegante, de porte aristocrático, bajando de un Ferrari plateado frente a un edificio. Era Víctor Grimaldi.
—¿Un CEO multimillonario...? —preguntó Jake, entrecerrando los ojos, detallando la cara de Víctor.
—Así es. Víctor Grimaldi. Dueño de la mitad de las inversiones de la costa —confirmó Mario—. El investigador confirmó que él es el hombre que mantiene a Melissa.
Jake apretó la carpeta con tanta fuerza que el cuero crujió.
—Interesante —murmuró Jake—. Vaya que la cachorrita tiene la vara alta. Se buscó un millonario para que le matara el hambre.
—Ese es el hombre que la protege, Jake. Y el niño... Grimaldi lo reconoce como suyo.
Jake cerró la carpeta de golpe y se levantó de la silla con brusquedad, apretando los puños. Se quedó de pie en medio de la sala, respirando fuerte, con la mirada fija en la foto de Víctor.
—Mario, quiero una reunión con ese tipo —sentenció Jake, dándose la vuelta—. Quiero verle la cara de cerca. Quiero conocer personalmente al hombre que cree que puede proteger lo que es mío.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Engañada por mi esposo: mi amante perfecto era mi esposo.
El contenido del capitulo 21 es el capitulo 19. Si repite, por favor, pueden verificar?...