A Tobías le dolía tanto el pecho que le costaba respirar. «Tiene razón. No quería al niño cuando me enteré de su embarazo, y ahora que hice las paces con él, estoy a punto de perderlo; he fallado como padre. Si tan solo me hubiera dado cuenta antes de mi amor por Sonia y hubiera estado más atento al hecho de que me hipnotizaron, tal vez no nos hubiéramos divorciado; tal vez hubiera podido proteger a mi bebé, pero en este mundo no existen los “y si”».
Alguien llamó a la puerta en ese momento y ambos giraron para ver entrar a una enfermera que les sonrió a ambos.
—Quería hablarle con respecto a la cirugía, señorita Reyes. Tengo que hablar con su familia un momento.
—No tengo fam...
Sonia estaba a punto de explicar que no tenía ningún familiar con ella y que bastaría con que la enfermera le informara a ella sobre la operación; sin embargo, Tobías la interrumpió antes de que pudiera terminar.
—Yo soy su familia.
Ella abrió los ojos con sorpresa antes de dedicarle una mueca burlesca de frustración. «¿Qué tan desvergonzado puede ser este hombre? ¿Cómo se atreve a considerarse mi familia?».
—Puedes hablar conmigo sobre la operación.
Tobías caminó hacia la enfermera e ignoró la mirada furiosa de la mujer que estaba detrás de él; mantuvieron una breve conversación junto a la puerta durante unos minutos y Sonia prefirió ignorarlos y se volvió a mirar por la ventana, como si estuviera contemplando algo. En ese momento se había calmado y estaba recordando el incidente ocurrido aquella noche hacía tres meses.
«Si Tobías fue quien se acostó conmigo aquella noche, ¿por qué me desperté y encontré a otro hombre a mi lado? Además, ¿qué pasa con el veneno que he estado consumiendo? ¿Quién me envenenó?». Estaba sumida en la confusión cuando él volvió junto a ella.
—La enfermera me habló de los efectos secundarios del veneno. Dijo que tal vez no podrás quedarte embarazada durante dos años después de este aborto.
Su mirada se posó en el vientre de ella, se suponía que no debía contarle los detalles de la operación, ya que a la enfermera le preocupaba que pudiera provocar una fuerte respuesta emocional en Sonia. Sin embargo, después de pensarlo un poco, decidió ser sincero; no quería ocultarle nada. De todos modos, ella no pareció reaccionar mucho tras escuchar la noticia.
—Ah, ¿sí? —murmuró sin emoción.
«Son solo dos años, no es nada comparado con toda una vida; no es para tanto. Además, no pienso casarme en los próximos dos años, así que no tendré motivos para pensar en embarazarme».
Cuando Tobías vio su respuesta tranquila y desinteresada, sintió algo inexplicable en el pecho. Se alegró de que ella no pareciera demasiado afectada, pero al mismo tiempo se sintió bastante disgustado al ver que no le importaba. «Si no le importa no poder quedarse embarazada en los próximos dos años, entonces también significa que no piensa perdonarme y casarse conmigo de nuevo en ese tiempo», pensó.
—Cuando viniste a buscarme anoche, ¿lograste averiguar quién me envenenó? —preguntó Sonia de la nada.
Tobías negó con la cabeza.
—Pero tengo algunos sospechosos.
—¿Mmm?
Entrecerró los ojos sus miradas se encontraron mientras pronunciaba los tres nombres, uno por uno. Sonia pareció tensarse en el momento en que los escuchó.
—¡Eso es imposible! —pronunció sin pensar.
«¿Cómo podría estar alguno de los tres implicados en esto?».
Él frunció un poco los labios al ver que ella no se fiaba.
—Piénsalo. Los tres son quienes más probabilidades tienen de estar involucrados en esto.
—¿Tienes alguna prueba? —Apretó los puños.
—No, pero voy a hacer que mis hombres los investiguen. Son los únicos tres hombres a quienes les gustas y que tendrían problemas para aceptar que tengas el bebé de otro hombre. Eso les da a los tres un motivo —pronunció con voz grave.
Sonia abrió los ojos.
—¿Has dicho que les gusto?
«¿Cómo puede ser posible?».
Tobías levantó una ceja.

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