Sacó el celular y le marcó a Federico. El teléfono sonó un par de veces y le colgaron.
Volvió a marcar. Ya estaba apagado.
—¿Sí se va a subir o qué? —la apuró alguien detrás de ella.
Gloria se hizo a un lado.
—Perdón, pásenle ustedes.
Se fue a una esquina y quiso marcarle a Pablo.
Pero antes de que alcanzara a llamar, se detuvo una camioneta frente a ella.
Bajó el vidrio y Jaime la miró, sorprendido y contento.
—¡Gloria! ¿Qué haces en San Aurelio?
—Señor Granados. —Al verlo, Gloria entendió de inmediato: Federico y Jaime debían venir por el mismo proyecto.
Jaime también lo captó un segundo después.
—¿Federico también vino?
Gloria no respondió.
—¡Ese tipo sí que no se rinde! —a Jaime se le endureció la cara—. Esta vez no pienso perder contra él.
Gloria, incómoda, evitó mencionar a Federico.
—¿Y tú qué haces en la zona de taxis? ¿Dónde está Federico?
Jaime se bajó. Al ver las dos maletas frente a ella, habló como si ya supiera la respuesta.
—¿Irene también vino?
Gloria asintió.
—¿Y ya se fueron?
Gloria volvió a asentir.
—Súbete, yo te llevo. —Hizo una seña para que el chofer bajara a meter las maletas a la cajuela.
—No hace falta.
Gloria jaló las maletas hacia ella.
—Ya hice fila. En taxi llego igual.

VERIFYCAPTCHA_LABEL
Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: EMBARAZADA TRAS EL DIVORCIO: NO ME QUITES A MI HIJO, SEÑOR CÓRDOBA