—Ser la secretaria del director general de Holding Rivadeneira es lo más alto a lo que te da para llegar. Si sigues con tus fantasías, te vas a quedar sin nada.
Federico la soltó y se enderezó. Le sacaba casi una cabeza. La miró de arriba abajo, viendo cómo ella bajaba la mirada.
—Fuera.
En la mejilla, justo donde él la había rozado, a Gloria le ardía como si le hubieran dado otra cachetada.
Apretó los dientes para no soltar el llanto, pero aun así insistió:
—Sobre mi renuncia… espero que el señor Córdoba lo piense mejor.
Federico ni la peló. Se sentó frente al escritorio y no le volvió a dedicar ni una mirada.
En cuanto Gloria se dio la vuelta, las lágrimas por fin se le salieron.
No regresó directo a su lugar. Se fue al baño, a tragarse esa humillación de ser, a los ojos de Federico, “de baja cuna”.
Si Federico llegara a saber que una mujer como ella estaba embarazada de un hijo de los Córdoba, la odiaría. Diría que ella manchó la sangre de su familia.
Gloria se llevó una mano al vientre. Las lágrimas calientes le resbalaron por la cara.
No importa. Ese bebé era solo suyo. No tenía nada que ver con los Córdoba.
A las dos de la tarde, cuando se reanudó la jornada, Gloria salió de las escaleras y volvió a su lugar.
Fuera de los ojos un poco rojos, no se le notaba nada.
Aunque ya se había aclarado lo del “soplón”, por haber quedado ligada a Jaime, a Gloria le era imposible moverse con normalidad en la empresa.
Cuando los directivos iban a dejarle documentos a Federico, ya no se los daban a ella: iban directo con Pablo.
Antes Gloria se encargaba de todo lo de Federico. Ahora solo le quedaban cosas menores: hacerle café, recordarle juntas y poco más.
Esa misma tarde, Jaime “hizo lo correcto” y denunció internamente en Holding Rivadeneira a su padre, Mateo Granados. Se filtró el video donde se veía cómo compraba a alguien para que expusiera datos.
Por la conducta vergonzosa de Mateo, las acciones de Grupo Larrinaga se desplomaron.
Al anochecer, Grupo Larrinaga convocó a una junta de emergencia: removieron a Mateo del puesto de director general y trajeron de vuelta a Jaime.
Pero la mayor parte del poder en Grupo Larrinaga estaba en manos de los Granados. Eso de “removerlo” era solo un discurso para calmar a los inversionistas y frenar la caída.
Esa noche, por fin las acciones se estabilizaron y dejaron de bajar.

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