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EMBARAZADA TRAS EL DIVORCIO: NO ME QUITES A MI HIJO, SEÑOR CÓRDOBA romance Capítulo 734

—Estuvo llorando como un loco hasta bien entrada la madrugada. Hoy se despertó muy temprano y casi no quiso probar bocado. Apenas lleva un rato dormido, supongo que descansará un poco más —susurró la señora Mendizábal.

Gloria se acercó a la cama con cautela, lo arropó y comenzó a darle suaves palmaditas en la espalda.

—Bruno, tranquilo, mi amor. Tu madrina está aquí, no llores...

Poco a poco, los sollozos lastimeros del pequeño se fueron apagando y su frente se relajó.

La señora Mendizábal, de pie cerca de la puerta, dejó pasar unos segundos antes de hablar.

—La votación de mañana es crucial. Tú tienes mucho más potencial y peso que Virginia, las probabilidades de que le des la vuelta al tablero a nuestro favor son enormes. Tu padre ya se movilizó en secreto para hablar con algunos miembros de la familia. Si logras hacerte con los derechos de herencia, él soltará a Bruno de inmediato. Estoy segura de que, llegado a ese punto, la rama del segundo hermano terminará por aceptar la derrota y renunciará a la herencia.

—Entendido. Ahora, vete —Gloria ni siquiera se molestó en mirarla a la cara.

La mujer dudó por un segundo, pero finalmente salió de la habitación y cerró la puerta.

Gloria se recostó junto a Bruno, quien durmió profundamente hasta pasadas las ocho de la noche.

Apenas abrió los ojos y se topó con un entorno desconocido, su carita se deformó y rompió en llanto a todo pulmón.

—¡Mamá! ¡Quiero a mi mamá!

Esa voz ronca y rasposa se clavó como un puñal en el pecho de Gloria.

Encendió rápidamente la lámpara de noche y lo tomó en brazos.

—Bruno, tranquilo, soy tu madrina. Tu madrina está aquí, mi niño.

Pero apenas lo tocó, Bruno dio un salto repentino, le soltó una patada y se alejó a gatas hacia el otro extremo de la cama, aterrado.

Antes de que pudiera alejarse más, reconoció la voz de Gloria. Se quedó congelado y la miró fijamente, con sus enormes ojos negros brillando llenos de asombro. Levantó sus bracitos regordetes para limpiarse las lágrimas con torpeza.

Al darse cuenta de que la persona frente a él realmente era ella, su llanto histérico se transformó en un llanto de puro desconsuelo.

—¡Mamá... tía Gloria! ¡Quiero a mi mami!

El pequeño se arrastró de vuelta y se refugió en el pecho de Gloria.

Ella lo recibió con los brazos abiertos, acunándolo para calmarlo.

Capítulo 734 1

Capítulo 734 2

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