El motivo principal era que el padre de Lucas Mendizábal se había casado con la heredera de los Mendizábal únicamente por interés. Desde que Lucas nació, su padre le lavó el cerebro con una sola misión: apoderarse de toda la fortuna y luego cambiarse el apellido para volver a ser un Domínguez.
¡Así, los Domínguez recuperarían su poder de la noche a la mañana!
Habían sacrificado a dos generaciones enteras, conspirando en las sombras para lograr ese ascenso glorioso, y para ellos, el sacrificio valía la pena.
A pesar de la tormenta mediática, Lucas parecía inmune a las críticas.
Lo que realmente lo tenía dando vueltas en la cama sin poder dormir era que José Mendizábal había convocado a la junta directiva del clan para reestructurar la empresa y repartir la herencia.
La junta sería en apenas tres días.
Lucas ya había movido sus hilos y se había enterado de que la gran mayoría de la familia apoyaba a José, todo porque este había recuperado a su hija perdida por años.
En otras palabras, la herencia entera iba a terminar en manos de Virginia Reinoso.
¡Lucas jamás permitiría que algo así ocurriera!
Sin embargo, Gloria Loyola estaba blindada bajo la protección de Federico. ¡No solo era imposible secuestrarla, sino que ni siquiera podía acercarse a verla!
Afortunadamente... aún guardaba un as bajo la manga que obligaría a Gloria a salir de su escondite por su propia cuenta.
***
Los días pasaron, y el drama de los Mendizábal se volvió aún más explosivo.
Gloria se mantuvo encerrada, ajena al ruido exterior, pero era consciente de que Federico estaba trabajando sin descanso en el asunto. A veces se quedaba despierto hasta la madrugada, la luz de su oficina brillaba hasta tarde y la frecuencia de sus llamadas se había multiplicado. En cada conversación que lograba escuchar, resonaban estrategias para ganar la guerra interna de esa familia.
Gloria sabía que, si Federico movía sus piezas, la victoria era segura.
Gracias a esos días de tranquilidad, la angustia en el pecho de Gloria había disminuido considerablemente.
Una tarde, el cielo se nubló, bloqueando la luz del sol.
De repente, el silencio de la villa fue destrozado por el timbre estridente del celular.
Era el teléfono de Federico, que estaba en la habitación de al lado. Aunque el sonido no era fuerte, sobresaltó a Gloria, haciendo que su corazón diera un vuelco.
La voz profunda del hombre se escuchó a través de la pared.
—¿Quieren venir ahora? Déjenme preguntarle si está de acuerdo.
Pronunció un par de palabras más y colgó.
Segundos después, la puerta de la habitación de Gloria se abrió de par en par.
Ella se incorporó en la cama y observó la imponente silueta de Federico avanzar hacia ella.


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