Helena estaba desesperada y furiosa.
—¡Te lo dije mil veces! Tenías que aprender a usar a los Mendizábal a tu favor, ¡pero te advertí que no te metieras con Alicia ni con Federico!
Los Mendizábal tenían mucha más prisa que Irene por llevarse a Lalo. Lo único que Irene debía hacer era mover los hilos desde las sombras para que ellos chocaran contra Federico o Alicia. Pero, ¿cómo terminó todo así?
Irene le contó cada detalle de lo sucedido.
—¡Me vas a matar de un disgusto! ¡Cómo se te ocurre conspirar contra la señora Vallejo! ¿Acaso creíste que no se iba a volver en tu contra?
Helena miró el letrero de la sala de urgencias y suspiró.
—Tu padre colapsó, la familia Orozco está al borde de la ruina. Vuelve a casa de inmediato para pensar en una solución.
—¡No voy a volver! —Irene ni siquiera quería volver a pisar Belgrano Norte.
—Si no regresas mientras tu padre está en el hospital, la gente te crucificará aún más. Tu madre está aquí para apoyarte, pero primero tienes que volver.
Helena sabía que ya no podían salvar la relación con la familia Córdoba, así que su única prioridad era rescatar la poca reputación que le quedaba a su hija.
Por suerte, Alicia aún había conservado un ápice de piedad y no había mencionado que Irene no podía tener hijos. Aunque aquello era un malentendido, si el rumor se esparcía, a Irene le costaría muchísimo encontrar a un buen esposo.
Al día siguiente, Irene tomó un vuelo de regreso a Belgrano Norte.
De pie en el aeropuerto, contemplando el inmenso panorama de Río Alicante, su expresión era vacía y robótica.
Se negaba a aceptar que había sido humillada y desplazada por una mujer de origen humilde.
¿Qué tenía Gloria Loyola que ella no, para haberse quedado con un hombre tan perfecto como Federico Córdoba?
Irene se mordió el labio hasta sacarse sangre para obligarse a mantener la cordura y no quedarse allí dejándose llevar por un impulso.
Tenía que volver a Belgrano Norte. ¡Debía haber alguna forma de arreglarlo!
***
Como Gloria no pertenecía a los círculos de la élite de Belgrano Norte, no tenía idea del escándalo que había estallado.
Había pasado los últimos días descansando en casa, dedicada por completo a Lalo, y sentía que su vida era plena y tranquila.
—Hoy hace un clima precioso, mayordoma, ¿qué le parece si llevamos a Lalo a su spa para bebés?


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