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EMBARAZADA TRAS EL DIVORCIO: NO ME QUITES A MI HIJO, SEÑOR CÓRDOBA romance Capítulo 658

—Sí, los abuelos no están muy bien de salud, así que se quedó un tiempo más en Belgrano Norte —respondió Federico con bastante calma.

—Entonces tú y Jaime...

—A comer. —Gloria tomó un tomate cherry y se lo metió a Virginia en la boca.

Virginia soltó un quejido ahogado al sentir la comida.

—Sí, hay que comer rápido.

Raúl tomó sus cubiertos.

—Prueben este filete de pescado, está muy fresco, lo acaban de preparar.

Virginia, resignada, empezó a masticar.

—¿Y cómo te va en el trabajo? —preguntó, aprovechando la oportunidad para volver a centrar su atención en Gloria.

—Bastante bien, es de medio tiempo, así que no se me hace pesado.

Gloria le sonrió.

—No te preocupes por mí, y mucho menos por Lalo. Cuando estoy trabajando, el ama de llaves y Margarita lo cuidan muy bien.

Tras decir esto, giró la cabeza, miró a Federico y añadió:

—Y Federico también ha ayudado muchísimo.

Lo que ella ignoraba era que, durante su jornada laboral, Lalo casi ni pasaba por las manos de Margarita o del ama de llaves.

Federico era quien se encargaba de él todo el tiempo.

—Entonces, deberías agradecerle a Federico —comentó Raúl, siguiendo la corriente de la conversación.

Gloria ya había perdido la cuenta de cuántas veces le había dado las gracias de palabra.

Se sirvió un vaso de jugo y chocó levemente su vaso contra el de Federico.

—La verdad es que sí tengo mucho que agradecerte. Brindo con jugo, espero no te moleste.

Federico dejó sus cubiertos y, con sus manos de nudillos marcados, tomó su vaso.

—Luego puedes compensármelo con un buen trago.

Gloria se atragantó con el jugo y empezó a toser.

Federico, que ya se llevaba el vaso a los labios, lo bajó de inmediato y levantó la mano para darle unas suaves palmadas en la espalda.

El ambiente cambiaba constantemente; a ratos era tenso, luego incómodo, y para nada tan animado como habían previsto.

Afortunadamente, Raúl y Federico terminaron de comer rápido y se llevaron a Lalo y a Bruno a la sala.

Virginia, que ya tenía unas copas encima, tomó la mano de Gloria y comenzó a ponerse sentimental.

—¿Te acuerdas cuando estábamos en la universidad? Soñábamos con comprar una casa en Belgrano Norte y vivir juntas. Y mírame, terminé regresando a Río Alicante.

Se abrazó al brazo de Gloria y recargó la cabeza en su hombro.

Gloria soportó todo el peso de su amiga apoyándose en ella.

—Bueno, ese sueño se cumplió en cierta forma. ¿Acaso no compraste la casa? Es solo que el tiempo pasa y las cosas cambian. Pero ahora que estás en Río Alicante, ¿no seguimos estando juntas?

Justo después de decir eso, sintió algo húmedo y cálido en el hombro.

Las lágrimas de Virginia le empaparon la blusa y le corrieron por el brazo.

—Siempre pensé que las dos tendríamos un hogar, que encontraríamos a nuestros padres biológicos. Y, si no, al menos podríamos sentir a la familia de la otra como nuestra. Pero, ¿por qué todo tuvo que acabar así?

De haber sabido que esto pasaría, habría preferido no volver jamás a Río Alicante.

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