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EMBARAZADA TRAS EL DIVORCIO: NO ME QUITES A MI HIJO, SEÑOR CÓRDOBA romance Capítulo 657

El oro siempre es valioso, pero a Virginia le parecía que los detalles de la esclava valían aún más.

Tenía que investigar cuánto costaba.

Con ese precio podría medir qué tanto significaba Lalo para Federico.

Pero ella no era experta en joyas, y por más que buscó en internet, no encontró nada.

Así que subió un tuit ocultándolo para Gloria, pidiendo a la gente de internet que le ayudara a valuarlo.

—Ya deja eso, la cena está lista. Ve a hablarle al doctor Esquivel —le avisó Gloria mientras acomodaba los platos.

Virginia guardó el celular.

—¡Ahorita voy!

Salió al jardín a buscar a Raúl y a Bruno para comer.

En Río Alicante los moscos al atardecer no perdonaban. Raúl andaba persiguiendo a Bruno con un repelente en aerosol para niños.

Los brazos y piernitas gorditas de Bruno estaban intactos.

Pero Raúl traía el cuello y los brazos llenos de ronchas rojas.

—¿Tienes alguna pomada para los piquetes de mosco? —le preguntó Raúl a Gloria tras entregarle a Bruno a Virginia.

—Sí, claro.

Margarita había improvisado un pequeño huerto en un rincón del patio.

Cada que salía a regar y quitar malas hierbas terminaba toda picoteada, así que había comprado un par de pomadas para tener de reserva.

Gloria fue por el tubo y se lo entregó.

—¿Quieres que te ayude a ponértela?

En cuanto hizo la pregunta, se hizo un silencio sepulcral en el ambiente.

Federico, que venía del solárium con Lalo en brazos rumbo al comedor, se detuvo en seco y les clavó una mirada penetrante.

Virginia, que estaba agachada a la altura de Bruno, levantó la vista al escucharla.

—Este...

Como Raúl tenía piquetes en el cuello que no alcanzaba a curarse solo, estuvo a punto de decir que sí, pero sintió un escalofrío recorrerle la espalda.

—¡No, gracias, así estoy bien!

Gloria miró a Federico.

—¿Paulina está aquí?

—Llegó hace un par de días —asintió Federico.

—¿Volvió a trabajar a la sucursal? —volvió a preguntar Gloria.

Pero pensando que, conociendo a Paulina, la habría buscado enseguida al llegar a Río Alicante.

Federico le lanzó a Raúl una mirada fulminante que lo dejó helado.

—Sí, ya le tocaba regresar a trabajar —dijo Federico en un tono casual, ocultando cualquier molestia—. La empresa ha estado vuelta loca, si no, ni la hubiera llamado. Apenas llegó y ya se aventó dos días de horas extras.

Gloria asintió, pensando que con razón Paulina no la había contactado; seguro no tenía tiempo.

—Paulina se regresó cuando te ibas a casar con Irene, ¿no? Desde ahí ya no la habíamos visto —comentó Virginia, buscando cualquier pretexto para sacar a Irene en la plática.

El sonido de la carne asando en la parrilla y el calor que emanaba de la mesa no fueron suficientes para salvar el repentino silencio helado que se formó.

O, mejor dicho, todos menos Federico sintieron cómo el ambiente se ponía tenso de golpe.

Virginia, siendo la que tiró la piedra, aguantaba la tensión sabiendo perfectamente lo que estaba haciendo.

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