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EMBARAZADA TRAS EL DIVORCIO: NO ME QUITES A MI HIJO, SEÑOR CÓRDOBA romance Capítulo 650

—Mi niño precioso, déjame verte. ¡Ay, ya estás más cachetón y solo pasaron unos días! Si sigues engordando ya no te voy a aguantar, y cuando regreses a la casa de los Córdoba, tus bisabuelos menos te van a poder cargar.

Paulina se remangó y salió corriendo a lavarse las manos, para luego regresar a toda velocidad y asomarse.

¡Hasta ese momento pudo ver por fin la carita del pequeño!

—¡No manches, se parece cañón a Federico!

—Pues obvio —le contestó Alicia de mala gana—. Es su vivo retrato.

Paulina estiró la mano para tocar los deditos de Lalo.

—Mamá, ¿me dejas cargarlo un ratito?

—No —dijo Federico.

—No —dijo Alicia.

Madre e hijo respondieron exactamente al mismo tiempo.

—¿Qué les pasa? —Paulina empezó a hacer su berrinche—. ¡Es mi sobrino, solo quiero cargarlo!

—Eres demasiado torpe, ¿qué tal si se te cae? —Alicia se puso muy seria—. Con estas cosas no se juega.

Paulina se sentó en el sillón y se dio unas palmadas en las piernas.

—Mira, me siento aquí y me lo pones encima.

—Que no —se negó rotundamente Alicia.

—¡Ay, ándale, préstamelo tantito! —Paulina ya no sabía ni qué hacer de la desesperación—. ¡Me acuesto y me lo pones encima, ándale, sí!

Federico soltó una risita burlona, caminó hacia otro lado de la sala y se sentó a observar cómo discutían.

—¿Tú crees que ya estás lista para cargar a un bebé? —la regañó Alicia.

—¿Ah, no me lo vas a prestar? —Paulina sacó su celular, usando su arma secreta—. ¡Ahorita mismo le hablo a Gloria para que venga!

—¡No te atrevas! —La cara de Alicia se transformó de coraje.

Paulina sonrió triunfante.

—Si no me pasas a Lalo ahorita mismo, ¡vas a ver si me atrevo o no!

—No se puede —respondió Federico, tajante—. Van a tener que esperar a que les avise.

—¿Otra vez a esperar? ¿Pues hasta cuándo? —Alicia frunció el ceño—. Tengo que estar esperando a que Gloria se vaya para poder venir a ver a mi nieto, ¿tienes idea de los días que tuve que aguantarme?

Margarita se apresuró a intervenir.

—Señora, la señora Loyola ya regresó a trabajar, así que a partir de ahora puede venir todas las mañanas si gusta.

Alicia se mostró muy sorprendida.

—¿Ya regresó a trabajar? ¿Cómo? ¿Había tanta urgencia en la empresa como para hacerla regresar? ¿Lalo no toma leche materna? ¡Por más cara que sea la fórmula, nada le gana al pecho!

—No está trabajando en el Grupo Rivadeneira —aclaró Federico, evadiendo la mirada de Alicia.

—¿No está en Holding Rivadeneira? —Alicia se quedó callada unos segundos y su tono de voz se volvió gélido—. No me digas que de verdad se metió al Grupo Larrinaga.

Federico guardó silencio, lo que confirmó las sospechas.

Alicia se levantó de golpe.

—¡Qué locura es esta! ¿Si la gente se entera, en dónde va a quedar el buen nombre de la familia Córdoba? Tienes dos opciones: o haces que renuncie al Grupo Larrinaga, o haces que rompa cualquier lazo con Lalo.

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