Federico soltó una patada y la silla plegable en la que estaba Raúl colapsó por completo.
Raúl cayó de sentón contra el piso, haciendo un desastre. El plato de frutas salió volando y le cayó directo en la cara.
Bruno, que estaba comiendo muy a gusto, se acercó, agarró un pedazo de mango que estaba embarrado en la cara de Raúl y se lo metió a la boca.
—Solo me puede dar hijos a mí —soltó Federico, apenas moviendo los labios.
Raúl se sobó el trasero mientras se ponía de pie.
—De verdad que eres... Mejor déjala que viva en paz. Para eso, Gloria estaría mejor con Jaime. Al menos Jaime sí tiene tacto para esas cosas del amor... ¡Ah!
Esquivó de milagro un paquete de pañuelos que Federico le aventó. Al ver la furia en los ojos de su amigo, Raúl agarró a Bruno y salió de ahí a toda prisa.
El portazo fue tan fuerte que despertó a Lalo. El bebé empezó a retorcerse y a quejarse bajito.
Federico respiró hondo para calmar su coraje. Levantó a Lalo, le cambió el pañal y le preparó un biberón con una agilidad impresionante.
Mientras tanto, en la pista, Gloria y Virginia caminaban llevando a los caballos de las riendas. Ninguna de las dos se había subido.
—Lo de Tomás y Martina fue un matrimonio arreglado. Martina no es de una familia influyente, ni siquiera son de la misma clase social. ¿Tú crees que él se casó con ella nada más porque sí? Todos en el círculo se burlan de eso.
Virginia le empezó a contar a Gloria todo el chisme que había escuchado recientemente sobre los Mendizábal.
—Y hay otra cosa: las gemelas que tuvo Martina fueron por inseminación artificial, le tuvieron que dar tratamiento hormonal. Andan diciendo que Tomás tiene problemas, pero yo no me creo ese cuento. Capaz que lo hicieron a propósito para tener varios hijos de un jalón.
—Los Mendizábal dicen públicamente que tienen tres hijos. ¿Alguna vez has visto al tercero? —preguntó Gloria.
Virginia negó con la cabeza.
—Ese tercer hijo no existe. Ahorita estoy buscando pruebas, pero no encuentro nada.
—El doctor Esquivel fue quien le hizo la cesárea a Martina —comentó Gloria, echando un vistazo hacia la sala de estar, justo en el momento en que Raúl salía corriendo con Bruno en brazos.
—Lucía ni siquiera lo sabe —explicó Gloria—. No tiene idea de que Tomás es su hijo. Ella jura que Lucas lo tiene escondido en algún lado, por eso no se atreve a traicionarlo.
Virginia apretó los dientes.
—Yo juraba que estaba viviendo una vida moderna, bien a gusto, comiendo y pasándola bien... ¿Y resulta que acabé metida en un capítulo de telenovela? A este paso, ¡no duro ni tres capítulos!
—No digas tonterías —le pidió Gloria, tratando de tranquilizarla—. Lo peor que puede pasar es que salgamos perjudicadas en reputación, pero eso sigue siendo secundario. Lo importante es que estemos a salvo.
—Tienes razón. Todos sanos y salvos.
Virginia levantó la barbilla apuntando hacia la sala de estar.
—Sabiendo que Federico te protege, ya me siento más tranquila. Pero la verdad, hay algo raro con él. ¿Por qué de repente trata a Lalo como si fuera su hijo biológico?
Ambas voltearon hacia la ventana de la sala y vieron a Federico en pleno proceso de cambiarle el pañal a Lalo.

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