Virginia se escondió en el baño y por fin encontró la oportunidad para hacerle una videollamada a Gloria.
Gloria apuntó la cámara hacia Lalo.
—Todo está muy bien, no tienes de qué preocuparte.
—¡Ay, el chiquitín ya está más gordito! ¡Está más bonito que Bruno! Un bebé con papás guapos seguro que va a ser precioso. Híjole, ya me arrepentí de la inseminación artificial. Ni siquiera sé cómo es el papá de Bruno; ¿y si de grande no sale nada agraciado?
Cuanto más veía las mejillas redonditas de Lalo, más ternura le daba a Virginia. Quería morderle los cachetes.
—No digas tonterías, Bruno también va a ser muy guapo de grande.
Gloria no soportaba escucharla decir tantas locuras todo el tiempo.
Virginia hizo una mueca y de inmediato cambió de tema.
—¡Hay que vernos mañana! Quedé de ver a Raúl en el club ecuestre de la zona oeste. Mis papás tienen cosas que hacer, así que solo nos van a dejar a Bruno y a mí, y luego se van. ¡Tienes que ir!
Desde que había regresado a la casa de los Mendizábal, sus padres no la dejaban sola ni un segundo, siguiéndola las veinticuatro horas del día.
Afortunadamente, Raúl por fin sirvió de algo y ella encontró la oportunidad perfecta para salir sin supervisión.
—Sale —aceptó Gloria—. Entonces llegaré temprano y te espero adentro del club.
—Dile a Federico que también vaya, si no, Raúl se va a sentir como un mal tercio y va a ser muy incómodo —sugirió Virginia.
—¿Por qué habría de ser incómodo? —replicó Gloria.
Ellas dos eran mujeres y no se trataba de una cita romántica a escondidas, así que Raúl no iba a hacer mal tercio en absoluto.
—Pues se va a aburrir —respondió Virginia, recordando la vez que ella y Gloria se abrazaron a llorar en el coche. En ese momento, Raúl, sentado a un lado, seguro se había sentido súper incómodo y aburrido.
—Federico ha estado muy ocupado con el trabajo, no sé si pueda ir.
Gloria hizo cuentas mentales; ya habían pasado como cuatro o cinco días desde la última vez que lo vio.
—¿Ocupado en qué? Si se la pasa buscando a Raúl para tomar todos los días. La otra vez se pusieron tan mal que Raúl me llamó y casi suelta la sopa de todo.
—¿Tomando? —Gloria sintió un sobresalto en el pecho. ¿Acaso Federico no estaba tapado de trabajo?
—Ya te dejo, mi mamá viene subiendo con Bruno. ¡Nos vemos mañana a las diez de la mañana!
Virginia soltó esas últimas palabras a toda prisa y colgó, justo cuando se escuchó la voz de Yolanda al otro lado de la línea.
—Qué pasa.
—Mañana en la mañana tengo que ir a ver a Virginia. La salida a tomar del mediodía se cancela.
Raúl acababa de recordar que Federico lo había invitado a tomar unos tragos ese día a mediodía.
—El primero en invitar, tiene prioridad —respondió Federico.
—No se puede. Mejor acompáñame. Nos vamos juntos al club ecuestre y tomamos allá. Virginia va a verse con Gloria, al cabo que mientras ellas platican nosotros no tenemos nada que hacer.
Raúl hizo una pausa y luego repitió la frase clave:
—Seguro Gloria va a llevar a Lalo.
La voz de Federico seguía sonando indiferente.
—¿Y eso qué tiene que ver conmigo?
—Legalmente es tu esposa y es tu hijo, ¿cómo que no tiene que ver contigo? —bromeó Raúl.

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