Así que, en el fondo, Tomás no era ningún bala perdida.
Era muy inteligente, incluso se podría decir que era un genio.
Solo que, presionado por Lucas, había optado por aparentar ser un vago.
Todos sus amigos que habían heredado negocios familiares siempre acudían a él en busca de consejos.
Gloria sostuvo el vaso de leche en silencio, esperando a que se enfriara un poco antes de beber.
—Solo soy más inteligente que los demás, solo tengo ganas de superarme. ¿En qué me equivoqué?
El rostro de Tomás reflejaba tristeza.
—Mi único error fue haber nacido en la familia Mendizábal. ¡No me interesan para nada las riquezas ni el poder absoluto!
Con su inteligencia, de haber nacido en una familia común, habría entrado a una buena universidad y tendría un futuro brillante por delante.
Era mucho mejor que ser visto como un junior derrochador y llevar la etiqueta de bueno para nada.
¡Tener la capacidad y ser reprimido era más lamentable y frustrante que simplemente soñar en grande sin hacer nada!
—Entonces, ¿me buscaste para...? —preguntó Gloria, rompiendo el silencio tras pensarlo un momento.
Tomás se quedó callado un largo rato.
—Solo quería advertirte cómo son realmente, para que te alejes lo más posible. Aunque tal vez ya te diste cuenta de su verdadera cara y ni siquiera necesitabas que te lo dijera.
Gloria suspiró profundo.
—Si solo viniste a advertirme, te lo agradezco. No tengo intenciones de volver con los Mendizábal.
Tomás la miró.
—Aunque su objetivo final sea el Grupo Mendizábal, si regresas, podrías ser la heredera de la familia y tener la vida resuelta. ¿De verdad no lo vas a considerar?
—No lo consideraré.
—Gloria negó con la cabeza.
El lugar se sumió en un silencio incómodo.
Tomás sostenía la cucharita, revolviendo suavemente su café.
El roce del metal contra la taza emitía un sonido nítido y constante.
Gloria se terminó la mitad de la leche y se despidió.
Pero si no estuviera al límite de sus fuerzas, jamás habría llegado a suplicarle de esa manera.
—Si no hay de otra, corta tus lazos con los Mendizábal.
—Gloria se puso a su altura—.
Empieza de cero.
Tomás sonrió con amargura.
—Lucas jamás lo permitirá. Él mismo se ha encargado de cortarme las alas y encima hace creer a todos que soy un inútil. ¿Por qué dejaría que me libre de ellos para triunfar por mi cuenta?
Si se alejaba de la familia y empezaba desde abajo, con su capacidad mental, era cuestión de tiempo para que se abriera paso.
Y cuando eso pasara, todo el teatro de Lucas se vendría abajo.
—No puedo ayudarte.
Fuera su hermano de padre y madre o solo su medio hermano, a Gloria le dolía profundamente lo que él estaba pasando.
Pero, ¿qué podía hacer?
Ella misma tenía que depender de Federico para librarse de los Mendizábal, ¿cómo iba a poder sacar a Tomás del apuro?

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