Federico frotó suavemente el cristal de su reloj con el pulgar.
—Me temo que Raúl ya no va a tener una vida muy tranquila a partir de ahora.
Gloria suspiró profundo.
—Con Raúl haciéndose pasar por el papá de Bruno, ¿no crees que eso le traiga problemas?
—¿Haciéndose pasar? —Federico recordó cuando Raúl le contó que ahora era el padre de Bruno. ¿Acaso era mentira? ¡Él pensaba que era en serio!
—Pues mejor, así le damos en bandeja de plata a José Mendizábal algo para chantajear a Lucas.
A Gloria no le importaban los chantajes; su verdadera preocupación era que se descubriera que Raúl no era el exesposo de Virginia Reinoso. Hasta ahora, nadie dudaba de que los Mendizábal hubieran tenido trillizos.
Gloria terminó de leer las noticias y siguió comiendo, todavía hecha un mar de dudas. Cuando acabó, levantó la vista y se dio cuenta de que Federico seguía sentado frente a ella.
Llevaba los dos primeros botones de su camisa negra desabrochados, dejando a la vista un par de rasguños que combinaban con los de su muñeca. Todo en él parecía estar diseñado para recordarle a Gloria la locura del día anterior.
Fue casi imposible para ella mantener la calma, así que dejó los cubiertos en el plato y se levantó para irse.
—Gloria, ¿no piensas platicar conmigo? —soltó Federico, perdiendo por fin la paciencia.
Ella se detuvo en seco, respiró hondo y se volvió a sentar.
—En la mañana fui muy clara. Me debes un favor... No, mejor olvídalo, ya no quiero nada. Borrón y cuenta nueva.
—No me refería a eso —aclaró Federico.
—¿Entonces a qué te refieres?
—Hablo de que podríamos quedar a mano un par de veces más.
Al decir eso, el tono de voz de Federico se volvió mucho más ronco y profundo.
—¡Oye! —Gloria sacó la pomada de su bolsillo y se la agitó en la cara.
—Lo siento, pero no.
Aquella vez había sido un simple accidente que le dio un giro completo a su vida; bajo ninguna circunstancia permitiría que sucediera otra vez.
¿Una segunda vez? Gloria se estremeció solo de pensarlo, dio media vuelta y se echó a correr por las escaleras.
Pidió por internet una caja de pastillas anticonceptivas de emergencia. Aunque esos días eran seguros para ella, prefería no arriesgarse y tener una doble protección. Una hora después, llegó el repartidor y ella se tomó la pastilla de inmediato.
La idea de Federico sobre la cláusula extra fue ignorada por completo, pero él no se dio por vencido e hizo que Pablo imprimiera un anexo al contrato para tenerlo a la mano. Sin embargo, como si Gloria tuviera un radar, se la pasó esquivándolo y hasta empezó a ponerle seguro a su puerta antes de dormir.
En la madrugada, se soltó un aguacero tremendo. La lluvia caía con tanta fuerza que terminó empapando las cortinas e hizo un escándalo. Gloria se despertó y se levantó para cerrar la ventana. Sin embargo, iluminada por los relámpagos de la tormenta, alcanzó a ver una sombra que pasó rápidamente frente a la entrada del fraccionamiento.
El sueño se le esfumó de golpe. Se frotó los ojos y volvió a asomarse, pero solo vio la lluvia intensa y la neblina; todo parecía normal. Regresó a la cama y revisó la hora en su celular: eran las dos y media de la mañana.
En la pantalla, tenía un mensaje que Virginia le había mandado hacía diez minutos.

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