—Bienvenidas…
El paso de ambas se frenó cuando una empleada se acercó a atenderlas.
Helena jaló a Irene del brazo.
—No hagas nada. No la asustes.
Irene se tragó las ganas de lanzarse y arrancarle el vestido a Gloria ahí mismo.
Helena la llevó hacia otro pasillo de vestidos.
Aun así, Gloria sabía perfecto a qué venían.
—¿Qué traes? —Paulina salió del probador y notó que Gloria tenía mala cara.
Miró alrededor y de inmediato vio a Irene y Helena en otra sección.
—Qué casualidad… ¿cómo que aquí? —dijo, pero en su cara no había nada de gusto.
Por educación, levantó un poco la falda y fue hacia ellas.
—Señora Orozco. Señorita Orozco.
Al ver que quien estaba con Gloria era Paulina, Helena hizo una expresión rara.
—Ay, Paulina… qué formal. Ya casi van a ser familia. A Irene ya mejor dile por su nombre.
—Pero ni se han casado. Yo…
¿Y si al final ni se casaban? ¿Qué sentido tenía?
Paulina cambió de inmediato:
—Además, sin “regalito”, yo no le digo así a nadie.
Su broma le suavizó un poco la cara a Helena.
—Esta niña… igual de traviesa. Pero sí te voy a decir algo: ya no te juntes tanto con Gloria.
Paulina entendió perfecto: Gloria era la exesposa de Federico.
—Pues yo no soy tan querida como la señorita Orozco, que trae a su mamá de compañía. Yo me tengo que venir con alguien más.



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