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EMBARAZADA TRAS EL DIVORCIO: NO ME QUITES A MI HIJO, SEÑOR CÓRDOBA romance Capítulo 165

Federico guardó silencio.

Al rato, Irene sorbió la nariz y lo miró.

—Fede… casi no comiste. ¿Quieres que regresemos y comamos tantito? Todavía tienes que trabajar.

Federico negó despacio.

—No. No se me antoja.

Irene apretó los labios, llena de culpa.

—Fue por mí. Te arruiné el momento.

El silencio, ya de por sí denso, se volvió todavía más pesado.

Federico frunció apenas el entrecejo; la mirada se le endureció, aunque intentó sonar ligero.

—¿Cuándo te toca revisión de la pierna? Yo te acompaño.

—Sí… —Irene siguió la corriente y cambió el tema—. En unos días. Te marco.

—Entonces te llevo a tu casa.

Federico encendió el motor y avanzó rumbo a la casa de los Orozco.

Al poco rato llegaron.

Federico cargó a Irene para bajarla del coche y la acomodó en la silla de ruedas.

—Te acompaño a entrar.

—No hace falta, puedo sola. —Irene le sacó una sonrisa—. Tienes trabajo, regrésate a la empresa.

Pero en cuanto recordó que Federico le había pedido a Gloria que fuera a su oficina, se le hizo un nudo en el estómago.

Y, con la pierna así, no podía estar yendo diario a la empresa.

Federico no insistió. Se dio la vuelta y regresó al coche.

Apenas iba a arrancar cuando tocaron la ventana: era Irene.

Tuvo que bajarla.

Con el cristal a medias, el perfil de Federico se veía marcado y elegante; a Irene, cada vez que lo miraba, se le aceleraba el corazón.

—Fede, yo…

Se quedó a medias. Al final, no le salió decirlo.

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