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EMBARAZADA TRAS EL DIVORCIO: NO ME QUITES A MI HIJO, SEÑOR CÓRDOBA romance Capítulo 130

—¿Y tú no vas al hospital? —Jaime estaba viendo noticias en el celular—. Dicen que Irene se fisuró la pierna.

Caerse desde esa altura y salir con una fisura era, dentro de lo malo, lo menos peor.

Pero Irene era la consentida de los Orozco y, encima, la futura señora Córdoba. Las dos familias estaban hechas un manojo de nervios.

Alicia hasta contactó a un especialista del extranjero para que volviera a revisarla.

—No voy —Gloria movió las piernas, todavía flojas—. No soy cercana a la señorita Orozco. No tengo por qué ir.

Además, pensó, Irene tampoco querría verla.

—Te llevo a tu casa —Jaime sacó las llaves—. ¿Puedes caminar? ¿Te ayudo?

—No hace falta. Puedo sola.

Estaba blanca, y la voz le temblaba.

—Así como estás, no me da confianza —insistió Jaime—. No te preocupes, ya se fue todo mundo. Nadie va a ver que te llevo.

Para los invitados, Gloria era una desconocida.

Para Federico, Gloria solo era una empleada; nunca iba a ser más importante que Irene.

Por eso, aunque ella también se había caído, nadie le dedicó ni una mirada.

Gloria ya estaba acostumbrada, pero el bajón en el pecho no se le quitaba.

—Perdón, señor Granados. Quiero estar sola un rato.

Se dio la vuelta y se fue. Seguía con las piernas como de algodón, así que caminó lento.

Jaime la vio alejarse y negó varias veces, lamentándose por Federico.

De pronto, en un rincón de la escalera, vio algo negro.

Se acercó, lo levantó y lo revisó: era un tacón roto.

Y en la parte del quiebre se notaba pegamento.

Se le frunció el ceño. Se dio la vuelta y fue directo a Seguridad para pedir las cámaras…

***

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