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EMBARAZADA TRAS EL DIVORCIO: NO ME QUITES A MI HIJO, SEÑOR CÓRDOBA romance Capítulo 128

En las fotos, Federico se veía de facciones marcadas; en la mirada traía una ternura que no se le había visto antes.

Irene se recargaba en él, sonriendo radiante, como una mujer completamente metida en su felicidad.

Los invitados se detenían frente a las fotos y no dejaban de elogiar.

Si Irene quería quitarse de encima el rumor de que era “fea” y quedar bien parada, comprometerse con Federico era lo más directo y efectivo.

De un día a otro, se convertía en su prometida. A partir de ahí, a todos solo les quedaba envidiar; ¿quién se iba a atrever a decir algo malo de Irene?

El compromiso estaba por empezar; ya habían llegado todos.

Gloria alcanzó a ver a Jaime.

Traía un traje rosa claro, exageradísimo, zapatos blancos y el cabello brilloso, peinado perfecto. Se movía por el salón como si fuera suyo.

Sin darse cuenta, acabó a un lado de Gloria.

Esta vez no la evitó. Se acercó y dijo:

—Tranquila. Ya cambié de idea. No voy a hacer nada.

Gloria lo midió con cautela. No le daba miedo que armara un escándalo.

Le daba miedo que se quedara callado y hiciera algo peor.

—No me veas así. Lo que pasa es que… si Federico se compromete, la historia se pone más interesante.

Jaime se notaba encantado con la idea. Que Federico se comprometiera y luego saliera el chisme de que le encajaron un hijo… ahí sí se armaba el caos.

Gloria apartó la mirada.

—Sí, sí. Usted tiene toda la razón —dijo, entre cansada y divertida por lo rápido que cambiaba de opinión.

Pero, por suerte, se había echado para atrás.

Ese compromiso iba a estar bajo los reflectores; tenía que salir perfecto.

Federico e Irene se iban a comprometer.

Mañana, Gloria le pediría la renuncia al director del área.

Por fin iba a poder irse.

—¡Gloria!

Isabella llegó corriendo, sin aire, y señaló hacia arriba.

—La señorita Orozco dice que subas.

En ese momento, Irene se estaba maquillando arriba.

Faltaban cinco minutos para que empezara el evento.

—¿Para qué? —preguntó Gloria.

Isabella puso cara de pocos amigos.

—Te dijo que subas, pues subes. ¿Qué tanto preguntas?

Traía una envidia mal disimulada, como si algo “bueno” fuera a caerle a Gloria.

Capítulo 128 1

Capítulo 128 2

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