—No se puede —Gloria negó despacio—. Una disculpa.
—No pasa nada —César la miró fijo.
Aunque Leticia no le había contado que a Gloria la habían movido a un puesto de apoyo, ella era guapa, se había graduado de una universidad de prestigio y, cuando trabajaba como secretaria, era bastante conocida en el medio.
Todo eso tenía a César muy interesado en ella.
—A mí no me importa en qué trabaje la otra persona. Mientras nos llevemos bien, eso es lo más importante.
Gloria no se esperaba eso. Se mordió un poco el labio y dijo:
—Perdón, ahorita no tengo planes de andar saliendo con nadie.
César sonrió apenas.
—Entonces podemos empezar como amigos.
—Siento que no somos muy compatibles.
—Ni siquiera hemos convivido, señorita Loyola. No debería decidir tan rápido —dijo César, sin perder la calma, con esa terquedad de quien quiere acercarse más.
Gloria no tuvo de otra que mentir:
—Tengo novio.
César se sorprendió un instante.
—Entonces sí es cierto que no le gusto. Me ha puesto pretextos uno tras otro.
—Perdón… —A Gloria ya le dolía la cabeza—. Yo…
—No pasa nada. —César guardó silencio un momento, sacó el celular y abrió Messenger—. Si no le molesta, seamos amigos.
Gloria sacó el celular de inmediato y se agregaron.
Ni siquiera comió y se fue.
Al volver, le mandó mensaje a Leticia: le dijo que, con su “bajada de puesto”, no estaba a la altura de César, y que mejor ya no intentara juntarlos.
Con todo el relajo, ni un almuerzo decente alcanzó. Abajo compró un sándwich para engañar el hambre.
Luego se la pasó escribiendo toda la tarde, con los dedos ya casi acalambrados, hasta que por fin terminó todas las invitaciones.
Al día siguiente, la volvieron a mandar a repartirlas.
Aparte de las familias cercanas a los Córdoba y a los Orozco, todo lo demás se lo dejaron a Gloria.


VERIFYCAPTCHA_LABEL
Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: EMBARAZADA TRAS EL DIVORCIO: NO ME QUITES A MI HIJO, SEÑOR CÓRDOBA