—Entonces hoy tenemos que ir a probarte el traje, y definir el diseño de las invitaciones, y…
Le estuvo contando todo con lujo de detalle.
Y al final, Federico otra vez:
—Como quieras.
Por más lenta que fuera Irene, ya se daba cuenta de que Federico traía el humor por los suelos.
Tan mal que, en cuanto ella se acercaba, a Irene se le helaba la sangre.
—Fede… ¿no quieres comprometerte conmigo?
Federico agarró el celular y borró todos los mensajes y fotos.
Cuando levantó la mirada hacia Irene, aflojó el entrecejo.
—No es eso. Solo estoy hasta el cuello de trabajo. Lo del compromiso te va a tocar llevarlo a ti. Hazlo como quieras. Y si quieres que lo organice alguien, que lo organice.
A Irene se le encendió el orgullo.
Ya no era “la futura señora” de adorno.
Ahora sí tenía poder real.
Bajó de inmediato al área administrativa a dar órdenes: Isabella iba a reemplazar a Gloria como jefa del equipo 16 y se haría cargo de todo lo del compromiso.
Isabella estaba entre feliz y espantada: feliz por el ascenso, porque ahora era la jefa directa de Gloria.
Y espantada porque no tenía experiencia organizando algo así ni dirigiendo gente.
—Tú tranquila —le dijo Irene—. Tú haces lo que yo te diga y te va a ir bien conmigo.
Irene sabía perfecto que Isabella no era precisamente capaz.
Pero necesitaba a alguien dócil, alguien que hiciera lo que ella señalara.
—Señorita Orozco, yo sabía que estaba con la persona correcta —Isabella se apuró a adular—. Se lo juro: por usted hago lo que sea.
—No hace falta —dijo Irene, clavando la mirada en el lugar vacío donde solía estar Gloria—. Con que le quede claro a Gloria quién va a ser la señora Córdoba.
Isabella no preguntó por qué Irene traía tanta tirria con Gloria.
Con el premio ya en la mano, nomás asintió.
—Usted déjelo en mí…
— — —
Gloria durmió todo el día para reponerse, pero lo hizo inquieta, como con escalofríos en la espalda.

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