En un abrir y cerrar de ojos, los Orozco recogieron a Irene, la consolaron un rato y ella subió a dormir.
Cuando Helena salió del cuarto de su hija, Darío seguía despierto, con cara de querer decir algo y no animarse.
—Si tienes algo que decir, dilo —Helena se metió a la cama.
—Cuando Irene estaba en la universidad, yo dije que no la mandáramos al extranjero a perder el tiempo. Que estudiara algo serio, administración o negocios, para entender el trabajo. Así el día de mañana podría ayudar a Federico… y nadie la andaría llamando “florero”.
Darío solo tenía esa hija. A futuro, la familia Orozco dependía de que Irene tomara las riendas.
Él sí quería formarla como una mujer independiente.
Pero Helena no lo permitió.
—Tú qué vas a saber —dijo Helena, con esa calma calculadora.
—Yo estoy criando a Irene como la nuera ideal que Alicia tiene en la cabeza. Ella no aguanta una nuera fuerte. Ni en capacidad, ni en carácter: Irene no puede estar por encima de ella…
——
Gloria terminó de mensajear con la señora Pizarro y sintió que el tono había sido bastante decente.
Eso significaba que el asunto ya estaba cerrado y que no había afectado la colaboración entre Marcelo y Federico.
Por fin soltó el aire que traía atorado.
Pero cuando cayó la noche, la amargura se le hinchó en el pecho y la terminó tragando entera.
Que la mandaran a logística, para ella, tenía más ventajas que desventajas.
En esa área, si alguien renunciaba, no tenía que pasar por las manos de Federico.
Y aunque no pudiera renunciar, al menos se alejaba de su vista.
Virginia le marcó por videollamada. Al escuchar que Gloria lo describía como “una buena noticia”, se quedó callada unos segundos.
—¿De verdad estás segura de que es una buena noticia?
—Sí —respondió Gloria—. ¿Por qué no?
—¡Federico es un cabrón! ¡Te acusó de algo que no hiciste! Y que te manden a logística también te mancha el historial. ¿Luego cómo vas a conseguir chamba?
A Virginia lo que de verdad le ardía era otra cosa: ¿de verdad Gloria tenía que llegar a esto para librarse de Federico?
Gloria tomó aire.
—De repente siento que, comparado con poder irme… que mi carrera quede manchada no importa.
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