¿De secretaria de presidencia a Logística? ¿En qué empresa era eso “normal”?
—No te creo —dijo la señora Pizarro, dándose la vuelta hacia Marcelo.
Parecía que le hablaba a Marcelo, pero en realidad quería que Federico respondiera.
Marcelo, impotente, le hizo señas discretas a su esposa, pero le habló a Federico:
—Señor Córdoba, mi esposa es un poco impulsiva. Le cae muy bien Gloria. No se lo tome a mal.
Federico se quedó ahí, impasible.
—No se preocupe.
¿Que le caía muy bien Gloria?
A Irene ya se le estaba borrando la sonrisa.
Desde temprano se había arreglado para ir al aeropuerto a recibir a esa mujer que la había metido en un escándalo.
Y lo primero que la señora Pizarro preguntó al verla fue: “¿Gloria no vino?”
Irene casi explotó. Todo el camino se la pasó forzando la sonrisa y aguantándose. Ya no le quedaba paciencia.
Y ahora, encima, se topaban con Gloria ahí. Para Irene, Gloria lo había hecho a propósito: para que la señora Pizarro la viera.
—Señora Pizarro, al final solo es una empleada. Además, ella ya había afectado nuestra relación. Ya ni le mueva, vámonos.
Irene se acercó y volvió a tomar del brazo a la señora Pizarro, intentando llevársela hacia la oficina.
La señora Pizarro se plantó, sin moverse.
—¿Cómo que afectó tu relación? Yo fui la que habló de más frente a la prensa. ¿En qué momento eso se volvió culpa de ella?
La gente de secretaría iba y venía, y empezaban a voltear.
Marcelo se acercó a su esposa y le habló bajito:
—Lo que sea, lo hablamos adentro. No hagas esto aquí. Venimos de visita; hazme caso.
—¿Y yo cuándo no te hago caso? —La señora Pizarro se zafó del brazo de Marcelo—. Si no fuera por ella, yo ni venía hasta Belgrano Norte. Resulta que todos felices y a ella la bajan de puesto… ¿qué es esa jalada?
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