—Está bien.
Lo que decía Natalia tenía mucho sentido. Aunque no quisiera, tendría que soportar ser su prometida un poco más. Todo terminaría cuando se fuera a Silicon Valley.
Tanto su matrimonio con Fabián como todo este enredo con Xavier llegarían a su fin.
Solo eran siete días. Podía soportarlo.
—¡Rápido, mándale un mensaje por WeChat!
Natalia le arrojó el teléfono. Iris lo atrapó a duras penas.
—¿Para qué? —preguntó, poniéndose nerviosa.
—¡Para invitarlo al cine, obviamente!
Iris abrió los ojos de par en par. —¿Él y yo?!
—Él y yo —aclaró Natalia—. Tú también irás, pero a mitad de la película inventas una excusa y te vas para que me dejes a solas con él.
—Ya escuchaste cómo me trató. Dudo mucho que acepte si lo invito yo —Iris miró el teléfono, recordando cómo él la obligó a rogarle hace un rato, y sintió un nudo de irritación en el estómago.
—¡Inténtalo, por favor!
Siguiendo las instrucciones de Natalia, le envió un mensaje: [Xavi, acaba de estrenarse una película, ¿tienes tiempo para ir a verla juntos?]
Durante la espera, Iris leyó un libro por dos horas. Natalia dio vueltas de un lado a otro frente a ella durante dos horas. Y Lucía limpió la habitación entera durante dos horas.
El sol comenzó a ocultarse.
De pronto, el teléfono sonó con un *ding*.
Natalia lo agarró a la velocidad de la luz y, segundos después, la abrazó como loca.
—¡Iris, aceptó!
—¿Qué vestido me pongo?
—Solo traje ropa ejecutiva para las reuniones de negocios, ¡¿qué hago?!
Estaba tan emocionada como una niña pequeña con un juguete nuevo.
Iris sonrió.
—Revisa mi clóset, a ver si encuentras algo que te guste.
Natalia corrió al armario y lo abrió de par en par.
Al anochecer, Iris se puso un vestido largo de seda que Lucía le había elegido sin pensarlo mucho. Natalia, en cambio, se arregló hasta quedar deslumbrante.
Bajaron las escaleras tomadas del brazo y se cruzaron con Camilo.
Se excusaron diciendo que aprovecharían la rara ocasión de estar fuera de la ciudad para ir a dar un paseo.
Para evitar que los guardaespaldas las siguieran, pidieron un auto por aplicación. Una vez en el centro de la ciudad, le dijeron al chofer que siguiera su camino vacío y tomaron otro taxi para llegar al cine.
El lugar estaba lleno de gente.
Pero la imponente presencia de Xavier y el grupo de guardaespaldas que lo rodeaba lo hacían destacar demasiado.
—Xavi —lo saludó Natalia, sin poder contener su emoción al acercarse a él.
Iris la siguió con calma desde atrás. Al ver la felicidad en el rostro de su amiga, realmente deseaba que Xavier al menos la mirara, para que Natalia por fin obtuviera lo que tanto quería.
Pero sabía que los sentimientos no se podían forzar.
Xavier ya tenía a alguien en su corazón.
Al verlas, el rostro de Xavier no mostró ninguna emoción. Parecía darle igual si venía una de ellas o las dos.
Por supuesto que le daba igual.
Al fin y al cabo, ella no le gustaba.
Si había aceptado, probablemente era porque...
Luis sacó su teléfono.
—Jefe, ¿tomamos unas fotos de su vida en pareja?
—Mjm —asintió Xavier con indiferencia.
Era por eso. Necesitaba acumular fotos de su vida amorosa con su prometida para que la mentira pareciera real.
Iris dejó de sentirse nerviosa y dejó que Luis tomara todas las fotos que quisiera.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Embarazada de tu rival: Ahora soy la Señora Fonseca