Punto de vista de Sebastian
—¡No sé dónde está! —La voz de Ava se filtró a través de la puerta. Estaba montando una actuación pésima, como siempre. Fingía preocupación cuando en su tono se notaba una alegría evidente—. Lamento mucho que esté pasando esto, pero estoy segura de que se quedó dormido...
Aquí venía.
La cerradura sonó al abrirse con la tarjeta de Ava, y Scar se sobresaltó levemente a mi lado. Arrojé mi camisa al suelo y atraje a Scar contra mi pecho para ocultar su rostro.
A quién quería engañar; de las dos, Scar era la peor actriz. Jamás había sabido mentir, y mucho menos montar semejante espectáculo.
Alcé la barbilla para darle espacio donde colocar su cabeza y sentí el temblor de sus pestañas con tanta fuerza que me causó un cosquilleo incontrolable en la garganta. No recordaba la última vez que habíamos estado tan cerca, de una forma tan... pacífica e íntima.
No quería mentirle, pero lo hice, una vez más.
Silco me había advertido sobre la situación de Scar, pero por más que me preparé para ello, nada se podría comparar con verlo con mis propios ojos. Cualquier cosa podía romper el frágil equilibrio por el que ella caminaba de puntillas. Cualquier detalle insignificante, desde una palabra desencadenante o el resurgimiento de un recuerdo oscuro, podía arrastrar a Scar de vuelta a ese infierno al que yo la había empujado.
Inicialmente Silco no quería mantenerme al tanto, pero ¿cómo no iba a hacerlo si yo era el núcleo del problema? En su momento, solo agradecía conservar ese único vínculo con Scar, aunque se tratara de odio.
Pero me equivoqué; con ella nunca se trataría de odio. ¿Cómo pude olvidarlo? Ella vivía por el amor, incluso en el lugar más lúgubre.
Ese fue mi error.
Pensé que podría resolver todos sus problemas; pensé que podría encerrar a Ava en la cárcel por ella, que podría averiguar por mi cuenta qué le había sucedido a su madre. Pero qué equivocado estaba. Ella nunca había necesitado que nadie hiciera las cosas en su lugar; siempre intentaba hacer cosas por los demás, incluso por mí. A pesar de nuestro pasado, no pudo quedarse cruzada de brazos a ver cómo yo me hundía.
Tenía que olvidar mi plan con Ava.
Había querido destruir a Ava, y a mí mismo junto con ella. Pensé que eso era lo que Scar deseaba, pero no era así. Había estado analizando la situación durante mucho tiempo y, sin embargo, no fui capaz de ver la repuesta hasta hoy.
Scar era una guerrera, siempre lo había sido.
En el momento en que dejé de intentar excluirla y le di el nombre de una amenaza para la abuela —alguien que le importaba—, ella activó su modo de combate y se tranquilizó.
Nunca había necesitado un protector. Lo que necesitaba era proteger, amar y sentirse útil.
Eso hacía que mi nuevo plan fuera todavía más sencillo.
—Sebastian, ¿qué estás...? —El asombro fingido de Ava se volvió real a mitad de la frase; su intención era atraparme consumiendo drogas, pero en su lugar me encontró en la cama con Scar—. ¡¿... qué carajos estás haciendo?!
Creo que esa fue la mejor escena que Ava había interpretado en años.
Otra oleada de flashes me hizo sentir que me quedaba ciego. Hasta podía imaginarme los titulares de las noticias en mi cabeza: "Las hermanas Fuller se casan y se traicionan con el mismo hombre".
No era precisamente mi mejor imagen.
—¡¡¡Pero ahora está casado conmigo!!! —Ava pisoteó el suelo de forma coqueta para la cámara, interpretando al máximo el papel de la esposa con el corazón roto—. Sebastian Knight, yo...
Había estado esperando sentir el alivio de que ella me pidiera el divorcio. Aunque Ava decía que no lo haría, la verdad era que también estaba esperando la oportunidad perfecta para aceptar la mano que le tendían los Green.
Pero Scar no iba a permitir eso...
—Él estaba casado conmigo cuando se dieron aquel dulce beso en el hospital —soltó una risa leve e inocente—. ¡Pensé que te gustaba sentir la emoción de la infidelidad! Ups.
Todas las cámaras apuntaron a Ava. No solo ella se quedó helada; yo también me congelé.
No sabía que se había enterado. Esa fue la única vez que crucé el límite con Ava mientras estaba casado con Scar, y no sabía que ella lo había visto. No lograba recordar qué palabras tan crueles le dije ese día en el hospital. En aquel entonces, pensé que solo estaba haciendo un berrinche, pensé que nunca la perdería.
No podía imaginar cuánto le debió haber dolido ver ese beso, y aun así intentar hablar conmigo mientras cargaba sola con el secreto de la existencia de Alice, solo para recibir aquellas frías palabras de mi parte. Realmente fui un imbécil.
Me giré para ver a Scar, pero ella no me sostuvo la mirada.

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