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Ella Aceptó el Divorcio, Él entró en Pánico romance Capítulo 355

Punto de vista de Scar

Jamás imaginé haber estado conteniendo tantas lágrimas.

Creí que ya no me importaba, así que no sabía qué resultaba más patético: si el hecho de que me importara o el fingir que no era así. Había pensado que era inmune a este hombre, inmune a todos los sentimientos dolorosos y amargos que él podía obligarme a sentir con tanta facilidad. Me convencí de que, si dejaba de darle importancia, el dolor desaparecería.

Sebastian se mantuvo en silencio por un rato, pero a mí ya me daba igual. Ya no me importaba cuán satisfecho y orgulloso se sentiría al ver lo patética que era. Sollozaba con la respiración entrecortada por el llanto. Solo quería soltar las palabras que me llenaban el pecho y que apenas me dejaban respirar.

—Todavía te importo, ¿verdad? —Me di cuenta de que él me estaba abrazando solo cuando sus palabras me llegaron a través de sus labios pegados a mi oído.

Sacudí la cabeza frenéticamente, pero esta vez él no me soltó, sino que apretó los brazos a mi alrededor y su respiración me calentó la oreja—. Sí, te importo. A pesar de los errores imperdonables que cometí, todavía te preocupas por mí. Debí haberlo sabido.

Me sujetó por el hombro para buscar mi mirada, así que aparté los ojos. Sebastian me tomó de la barbilla y me obligó a mirarlo; le temblaban las manos y tenía los ojos desencajados—. Pensé que mantenerme alejado de ti te haría feliz, pensé que querías verme sufrir, pero me equivoqué. Tienes un alma demasiado bondadosa, siempre ha sido así. Lo siento. Pero esta vez no te estaba rechazando, solo quería protegerte. Se avecina una tormenta mediática que caerá sobre Ava y sobre mí, y no quería arrastrarte a ella. ¡Te lo juro!

No supe si fue la autenticidad de su voz lo que funcionó o si simplemente estaba agotada, pero mi ataque de pánico se detuvo. Nadie había logrado frenarlo a mitad de proceso; nadie más que Alice.

Me calmé y empecé a respirar con más tranquilidad.

—Dame una oportunidad para arreglarlo todo, Scar, por favor, es lo único que pido —Sebastian se arrodilló ante mí, sujetando las sábanas con tanta fuerza que se le marcaron las venas.

Tal vez quería dársela, pero no era capaz.

Miré al hombre que había amado y odiado, dejando que mis lágrimas rodaran libremente por mis mejillas mientras sacudía la cabeza despacio. Jamás debí haber regresado; no pude encontrar a mi madre, caí en la trampa de mi cruel padre y ni siquiera era capaz de darle a Ava el castigo que se merecía.

—Me rindo, Sebastian Knight —me escuché reír con fría ironía—. Por favor, me marcharé de la ciudad y jamás regresaré; solo quédate en la habitación y no arruines la empresa. ¿Trato?

—No acepto el trato —respondió con frialdad.

Cerré los ojos dejando las lágrimas caer. No debí mostrar mi debilidad frente a mi enemigo, pero era así de débil.

—Eres una guerrera, Scar, siempre lo has sido. ¡Si quieres proteger el Imperio Knight, tienes que quedarte y luchar! —Sebastian se puso de pie, sacó un papel de su traje y me lo entregó con una mirada severa—. ¿No quieres saber por qué Silco admitió ser Johnny Vanderbilt cuando no lo es? Te lo diré de todos modos. Es porque no quiere que tengas nada que ver con el verdadero Johnny Vanderbilt, el monstruo que persigue al Imperio Knight, el monstruo que está detrás de la muerte de tu madre.

¡¿Qué?!

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