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ÉL ME QUERÍA SUMISA, NO REINA romance Capítulo 184

La verdadera razón por la que insistía en hacerlo sola era que sabía exactamente en qué punto cavar y con qué fuerza hacerlo para no dañar lo que buscaba.

Diez minutos después, la pala chocó contra algo duro con un golpe seco.

Se detuvo de inmediato, se agachó y usó las manos para retirar cuidadosamente la tierra suelta, sacando una caja de madera con tanta delicadeza como si temiera despertar a alguien.

Era una exquisita caja de madera de sándalo oscuro. Su color profundo, textura pulida y peso evidente dejaban claro que no era un objeto cualquiera.

Al abrirla, las Agujas del Dragón reposaban sobre un lecho de terciopelo. Las nueve agujas metálicas tenían un aspecto rústico y emitían un brillo frío e intimidante.

Felisa le sonrió.

—Vámonos. Ya podemos bajar.

De vuelta en el vehículo, Yahir recibió una llamada de Pablo Quiroga.

—Sr. Hernández, ya tenemos los resultados de las pastillas. Le enviaré el documento de inmediato.

Unos segundos después, Yahir le mostró la pantalla de su teléfono a Felisa.

—Mira esto.

La píldora negra contenía mercurio, estimulantes, trazas de metales pesados, miel y algunos polvos de hierbas dudosas. Al tomarla, el paciente sentía una falsa explosión de energía, una mejoría engañosa, pero en realidad era un veneno de acción lenta. Su consumo aceleraba el desgaste del cuerpo, destrozaba el hígado y los riñones, y conducía rápidamente a una falla multiorgánica.

La píldora roja, por otro lado, estaba cargada de sedantes potentes. Hacía que el paciente durmiera profundamente, dando la ilusión de paz, pero adormecía el sistema nervioso y lo debilitaba cada vez más.

La debilidad de doña Beatriz era producto de un bloqueo coronario severo.

Esa porquería no curaba nada; solo enmascaraba los síntomas mientras mataba al paciente.

—Enviémosle esto de inmediato a Julián. Tiene que saber la verdad.

No podían permitir que esa pobre mujer ingiriera una dosis más.

Yahir reenvió el informe médico. Sabía que, si Julián no hubiera tenido al menos una pizca de duda, jamás le habría entregado las muestras a Rodrigo en primer lugar.

Por su parte, Julián Serna tampoco había podido dormir. Había ordenado investigar la verdadera identidad de Cristián Quezada, ya que el nombre sonaba demasiado falso.

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