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ÉL ME QUERÍA SUMISA, NO REINA romance Capítulo 176

Con un solo vistazo, Felisa se dio cuenta de que aquella trufa negra era de una rara variedad silvestre de altísima calidad.

—Qué amable eres, muchacho —dijo Doña Beatriz con una sonrisa apagada—. Mi cuerpo lleva años enfermo y temo que ya no haya cura que me salve. Consumir un regalo tan valioso sería solo desperdiciarlo.

—Abuela, ¿qué cosas dices? Tú solo concéntrate en descansar. Te aseguro que encontraré al discípulo del legendario curandero y él te curará.

—Yo mejor que nadie conozco mi cuerpo... Sé que eres un nieto maravilloso, pero no te mortifiques tanto.

La anciana esbozó una sonrisa débil.

—La verdad, no tenía intenciones de celebrar mi cumpleaños este año, pero Julián insistió en que tuviéramos un poco de alegría en la casa.

—Julián es un gran hijo. ¡Seguro que a usted le deparan muchos años de felicidad! —intervino Rodrigo Vega con una sonrisa—. Mi regalo no es tan valioso como el de Enzo, pero es azafrán puro importado de la mejor calidad.

—Gracias, muchacho de los Vega. ¿Y esta jovencita es tu novia? —preguntó mientras su mirada se posaba en la chica a su lado.

—¡No diga esas cosas! Es la hija de mi tía, mi prima —aclaró Rodrigo mientras le daba un pequeño empujón—. Catalina, saluda.

Catalina respondió con una voz dulce:

—Buenas noches, Doña Beatriz.

En ese momento, el mayordomo entró apresuradamente y le susurró algo al oído a Julián Serna.

—¿De verdad? ¿Encontraron al discípulo del legendario curandero?

—Así es, señor. Respondió al anuncio y vino por su propia cuenta. Está ahora mismo en la entrada principal.

—¿Y qué esperas? ¡Hazlo pasar de inmediato!

—Sí, enseguida.

El mayordomo salió a toda prisa para recibir al invitado.

Julián habló con voz suave:

—Abuela, hemos encontrado al discípulo del maestro. ¡Estás salvada!

—Todo esfuerzo rinde frutos —dijo Rodrigo entre risas—. Doña Beatriz, este banquete le trajo mucha suerte y bendiciones a su puerta.

Las palabras lograron sacarle una sonrisa a la anciana.

—Ay, mijo. Siempre sabes qué decir para hacerme sentir bien.

Yahir Hernández entrecerró ligeramente los ojos, y un destello frío e insondable cruzó por su mirada.

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