Lorena intentó llamar a Bianca, pero nadie respondió.
Un segundo después, recibió un mensaje de texto de su hija.
[Mamá, no iré a casa en unos días. Lo que sea que esté pasando, lo hablamos cuando vuelva].
...
Tras varios días de arduo trabajo, Felisa finalmente había dejado todo listo para las sucursales, tanto físicas como en línea.
Utilizó la red de clientas de años anteriores para dar un impulso a la promoción de esta nueva apertura.
El día de la inauguración fue un éxito rotundo.
La tienda estaba a reventar de clientes y Felisa corría de un lado a otro, sin siquiera tener un minuto para tomar un vaso de agua.
Al atardecer, cuando hicieron el corte de caja, los números fueron espectaculares.
¡El primer día había sido un triunfo absoluto!
Felisa soltó un suspiro de alivio, estiró los brazos y se dejó caer en el sofá.
De pronto, recibió un mensaje de Yahir Hernández.
[Novia, ¿cómo estuvo la inauguración?]
Felisa sonrió. Bebió un sorbo de café antes de responder sin prisas.
[Bastante bien. Las ganancias fueron excelentes, pero apenas me estoy sentando a descansar].
Hacía mucho que no trabajaba a ese ritmo.
La última vez que se había esforzado tanto fue cuando recién abrió el Salón de Seda.
[¿Quieres venir a tomar una copa para celebrar?]
A Felisa le pareció una buena idea.
[Claro, ¿dónde nos vemos?]
Yahir le envió una ubicación.
Un bar.
Felisa subió al área VIP del segundo piso y lo encontró.
No estaba solo; en la sala también estaban Joaquín Hernández y Rodrigo Vega.
—Señor Hernández. Rodrigo.
Felisa hizo un ligero asentimiento a modo de saludo.

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