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El Karma romance Capítulo 843

Aunque Yago tenía motivos de sobra, Arlet no se precipitaba a sacar conclusiones, no sin antes tener las cosas claras.

Según la información que Rodrigo había proporcionado, no tardaron en descubrir que efectivamente provenía de la cuenta de Yago.

Guillermo y los demás mostraron una expresión de "ya lo sabíamos".

“Señorita Sandell, deberíamos llamar a la policía.” Sugirió uno de los empleados y alguien más dijo: “No, no, creo que deberíamos pagarle con la misma moneda.”

“Esa gente ni siquiera tiene de dónde sacar, no hace falta que movamos un dedo, van a quebrar tarde o temprano.” Comentó otro de los presentes.

Los comentarios y opiniones volaban por doquier.

Arlet giró su cabeza hacia Maxi y le preguntó: “¿Crees que fue él?”

Ella tenía sus dudas, pues usar su propia cuenta para hacer la transferencia parecía demasiado tonto. Claro, no se descartaba que Yago fuera así de tonto.

Maxi, con voz grave, dijo: “No fue él. Mis chicos ya están buscando al verdadero culpable.”

“¿Quién será tan ocioso para ir tras mi restaurante?” Cuestionó Arlet mientras se masajeaba la frente.

Maxi sonrió y dijo: “A los brillantes siempre los envidian.”

“¿Esto es un consuelo?” Indagó Arlet.

“No, es un elogio.” Respondió Maxi sin inmutarse, lanzando piropos cursis sin parar.

Arlet se cubrió la cara, avergonzada y dijo: “Presidente Velasco, estás siendo demasiado meloso. Aunque seas guapo, es demasiado.”

Maxi quedó petrificado.

Mientras tanto, un mesero casi se ahogó con su propia saliva al escucharlos.

Maxi suspiró resignado, su Arlet era dura como el hierro e impenetrable como una fortaleza.

Si Maxi decía que se encargaría, Arlet no interferiría. Cómo él decidiera manejarlo, ella lo sabría a su debido tiempo.

En el transcurso de un noviazgo, enfrentarse a exnovios, exnovias o admiradores secretos, y cómo se manejan esas situaciones, es crucial para determinar si la relación perdurará.

Arlet lo dejaba en sus manos, también como una forma de prueba.

“Quiero que el restaurante esté como nuevo antes de abrir mañana. ¿Puedes hacerlo?” La mirada de Arlet era profunda cuando habló y Rodrigo se estremeció, asintiendo rápidamente: “Así será.”

Rodrigo se lamentaba por dentro, ya que no solo tenía que compensar con dinero, sino también quedarse a trabajar duro.

“Guillermo, quédate a supervisarlos y si alguien se hace el vago, me llamas.” Dijo Arlet y Guillermo aceptó gustoso: “Claro.”

Mientras tanto, una hora después Yago se enteró de la noticia.

“¿De verdad? ¿El restaurante entero fue destrozado por esos vándalos?” Yago se alteró.

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