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El Karma romance Capítulo 828

En el salón de visitas del segundo piso, algunos grandes maestros del mundo del piano estaban charlando, cuando repentinamente, Valentín Iglesias echó un vistazo hacia abajo y de inmediato vio a Arlet.

Valentín dijo con una sonrisa: "No esperaba ver aquí a esa pequeña."

Al oír eso, Miguel Aranda y los demás se pusieron sus lentes de lectura y miraron hacia abajo.

"Es esa jovencita. He estado esperando que viniera." Comentó Miguel y alguien más secundó: "Hoy finalmente la volvimos a ver."

"Por cómo se ve, parece que va a tocar el piano para celebrar el cumpleaños del viejo Del Valle." Habló otro de los maestros y alguien más dijo: "Jajaja, vamos a tener el placer de escucharla de nuevo."

Los grandes maestros hablaban contentos, mientras que los jóvenes a su lado estaban confundidos, pero de sus palabras entendieron algo: que los grandes maestros realmente disfrutaban de la presencia de esa joven que estaba abajo.

Entre los invitados, Noemí la miraba sonriendo, burlándose en su interior: "Qué atrevida, realmente se atreve a hacer el ridículo. El chisme de hoy seguro se esparcirá por todo Ciudad de México mañana. El gran espectáculo finalmente comienza."

Arlet no dijo nada más y se sentó frente al piano que ya estaba preparado, poniendo sus manos sobre las teclas negras y blancas. Luego, giró su cabeza, observando a los invitados que estaban abajo, capturando cada expresión en sus rostros, con una sonrisa en sus labios que parecía maliciosa, juguetona y burlona a la vez.

Todos esperaban verla a ella y a la familia Sandell hacer el ridículo, pero solo quedaba esperar para ver quién haría el verdadero ridículo.

Bajo la mirada expectante de todos, Arlet presionó la primera tecla con calma, el sonido del piano llenó la sala, y todo se quedó en silencio.

Todos los ojo estaban sobre ella y detrás de sus máscaras sonrientes, había rostros expectantes, despectivos o con diferentes intenciones, pero no importaba qué pensaran, Arlet no se preocupaba.

En el momento que sus dedos tocaron las teclas, había dejado todo atrás y en el mundo solo existían ella y el piano. El sonido del piano envolvía el salón, y esos rostros con expresiones burlonas empezaron a sumergirse en la música.

Todo sucedió sin que se dieran cuenta, como el rocío que humedecía en silencio, sin un inicio impresionante ni una extravagancia deslumbrante, solo esa atracción silenciosa y sutil, enganchando lentamente los nervios de todos, sumergiéndolos en la maravillosa melodía que dibujaba.

¿Ella era realmente humana?

Raquel estaba impactada por su progreso, mientras que Noemí no podía aceptar su excelencia.

Arlet era su rival en el amor, eso era indiscutible, pero que su habilidad en el piano fuera superior a la suya, eso era algo que no podía aceptar.

No debería ser así.

¡No debería ser!

El rostro de Noemí perdió todo color mientras observaba a Arlet con una complejidad indescriptible en sus ojos.

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