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El Karma romance Capítulo 827

Entre rumores y murmullos, se desplegaba una escena de alegre alboroto. Raúl Del Valle, como el protagonista estaba bajo la mirada de todos mientras descendía del segundo piso, vestido con un elegante traje, con su energía desbordante y su cabello entrecano que no lograban ocultar su imponente presencia.

“Agradezco a todos los amigos y familiares presentes hoy por acompañarme en mi banquete...”

Arlet, parada entre la multitud, escuchaba al anciano hablar con elocuencia, observando cómo la familia Del Valle recibía uno tras otro lo regalos, provocando exclamaciones y admiración entre los asistentes. Era una escena digna de una telenovela.

Arlet miraba fascinada, y al girar la cabeza, notó que en un rincón había un joven con su madre.

Mirando al chico y luego a Ezequiel Del Valle, el cual acompañaba a Raúl en ese momento, Arlet encontró cierto parecido entre ellos.

Gradualmente, su atención se posó en Carmen Agüero, percatándose de la mirada que aquella mujer dirigía hacia el hombre que estaba en el escenario; era una mirada llena de añoranza, dolor y renuencia, la cual era tan compleja que a Arlet le resultaba difícil descifrarla.

Carmen, sintiendo que alguien la observaba, giró levemente la cabeza y sus ojos se encontraron con los de Arlet. Tras una pausa, Carmen miró a Ingrid, que estaba al lado de Arlet, y luego le ofreció una leve sonrisa antes de desviar la mirada.

Arlet también retiró su mirada e Ingrid, notando la inquietud en los ojos de su hija, le preguntó: “¿Qué miras?”

“Mamá, ¿conoces a esa persona?” Indagó Arlet y siguiendo la mirada de su hija, Ingrid se sorprendió y cuestionó: “¿Cómo llegó ella aquí?”

Ingrid le dio una palmadita en la mano y le dijo: “Si no quieres hacerlo, no lo hagas. No te preocupes, estoy aquí.”

“No hay problema.” Respondió Arlet y acto seguido, avanzó entre los invitados, llegando al frente, y con una sonrisa dijo: “Señor Raúl Del Valle, hoy celebramos su cumpleaños número ochenta, le deseo una felicidad tan inmensa como el mar y longevidad mayor que las montañas, que cada año tenga este día para celebrar.”

Alguien, entre risas, comentó: “Oí que la señorita Sandell ha preparado un regalo muy especial para hoy.”

“Así es.” Admitió Arlet con gracia y luego agregó: “Este regalo lo he preparado con mucho cariño. Espero que al señor Raúl le encante.”

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