Los meseros que estaban descansando escucharon el ruido y salieron, solo para ver a un grupo de jóvenes de buena apariencia entrando a la cocina.
Gabriel estaba con sus aprendices contando los ingredientes y preparándose para los procedimientos de traspaso, cuando de repente un grupo de personas entró a la cocina, haciendo que detuvieran lo que estaban haciendo.
"Zaida, ¿quién son ellos?" Preguntó Gabriel.
"Son los nuevos cocineros y reposteros que la señorita Sandell contrató." Dijo Zaida con una sonrisa llena de malicia y al escucharla la expresión de Gabriel y los demás cambió ligeramente.
Un joven de unos treinta años se acercó y extendió la mano hacia Gabriel, diciéndole: "Eres Gabriel, ¿verdad? Soy Florian Zurita, un placer conocerte."
¡Florian!
Un cocinero recordó algo y sus ojos se abrieron ligeramente a la vez que indagaba: "¿Realmente eres ese Florian?"
Florian miró al cocinero con una sonrisa amable y le dijo: "Supongo que soy el Florian en quien estás pensando."
"¿Realmente eres el Florian que ganó el segundo lugar en el concurso internacional de chefs el año pasado?" Preguntó aquel cocinero y todos los meseros que habían ido a ver qué pasaba, al escuchar aquel título, dirigieron sus miradas hacia Florian.
"Sí." Admitió Florian con humildad y la cara de Gabriel se puso fea al ver esas manos extendidas hacia él, pero no hizo ningún intento de estrecharlas. Sin embargo, Florian, no se lo tomó a mal y retiró su mano naturalmente.
"Es joven y talentoso, y además ganador de un gran premio en una competencia internacional." Comentó una mesera con corazones en los ojos.
"Debe ser muy bueno en la cocina." Dijo otro de los presentes y alguien más secundó: "Eso es seguro."
…
Mientras tanto, otro grupo de personas entró al restaurante, encontrando el lugar completamente vacío.
El hombre de mediana edad que lideraba el grupo miró alrededor y, junto con su gente, se dirigió hacia la cocina y antes de acercarse, ya se escuchaba el bullicio interior.
"¿Quién es el encargado aquí?" De repente, una voz robusta y poderosa resonó desde atrás y todos en la cocina giraron la cabeza sorprendidos hacia ese nuevo grupo de personas.
Un suspiro colectivo llenó el aire tras escuchar aquellas palabras.
"¡Eso es impresionante!" Exclamó alguien con admiración.
"No, creo que la jefa es aún más impresionante." Dijo otra persona más en voz baja y aquella observación fue unánimemente aceptada por los presentes, pues tener a esas dos leyendas a bordo en tan solo medio día, ¿no demostraba cuán increíble era su jefa?
Ambos habían dejado a Gabriel atrás, no estaban ni cerca del mismo nivel.
"Qué clase de equipo divino ha reunido la jefa." Comentó uno de los meseros y otro más dijo: "No es de extrañar que la jefa no le diera importancia a Gabriel. Escuché que él quería usar esto como una amenaza para pedir un aumento de salario y ni siquiera consideró si podía manejarlo."
"Exactamente. ¡Qué falta de autorreflexión!" Exclamó alguien más y otro de los presentes dijo: "Pero no se puede hablar así, pues la gente siempre aspira a lo más alto."
Escuchando los comentarios de la gente alrededor, Gabriel se sintió avergonzado, como si le hubieran dado una bofetada en la cara.

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