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El Karma romance Capítulo 810

"No vale ese precio." Dijo Arlet, pues ella no quería malcriarles el gusto y al parecer un equipo maduro, tenía que ser meticulosamente seleccionado.

"A estas alturas, ¿aún puedes reírte?" Isabel la miraba fijamente.

"¿No estarás olvidando algo?" Le recordó Arlet.

De repente, Isabel se golpeó y dijo: "Casi lo olvido, tú, bajo Astra Vogue, ya tienes empresas de comida, sin mencionar las empresas de restauración en las que invirtió Jesper, por tanto, encontrar algunos chefs y pasteleros es pan comido."

Arlet la miró sonriendo, ya que todo lo que Isabel había dicho era correcto.

Encontrar un equipo a corto plazo era difícil, pero trasladar temporalmente a un grupo de personas aún era posible. Ese equipo, Arlet quería seleccionarlo poco a poco.

Isabel se sentó detrás de la barra, sacó su celular y llamó a Maxi en secreto. Sonó mucho tiempo sin que nadie respondiera.

"La llamada que ha realizado está temporalmente sin respuesta, por favor, intente más tarde."

Escuchando esa voz mecánica, Isabel puso una mueca.

"Maxi, te llamo por última vez, si no respondes, no me culpes por no ayudarte." Murmuraba Isabel, sin detener sus acciones y justo cuando parecía que la segunda llamada también fracasaría, finalmente le contestaron: "Habla." Fue una palabra, fría y concisa.

Isabel ya estaba acostumbrada, por eso no le dio importancia y comenzó a hablar: "Maxi, me he enamorado de un auto deportivo."

"Ve y díselo a tu papá." Habló Maxi.

"¿Seguro que quieres que vaya con mi papá? Aquí tengo el último secreto de Arlet y podría ayudarte." Dijo Isabel con un tono travieso.

Maxi hizo una seña para que la persona a su lado se alejara un poco.

"Mándame el modelo." Maxi fue directo e Isabel se sintió satisfecha, pues sabía que usar a Arlet no fallaría.

Cuando Arlet salió de la oficina y vio a Isabel riéndose sola, le dio un toquecito en la cabeza y le preguntó: "¿De qué te ríes?"

"Arlet, encontré el camino a la riqueza." Respondió Isabel, pues ya había decidido que iba a exprimir a Maxi todo lo que pudiera, total, a él no le falta dinero.

Por la tarde, mientras los camareros limpiaban, alguien empujó la puerta del restaurante.

"Señor, aún no hemos abierto." El camarero miró a las más de diez personas, recordándoles amablemente.

"No venimos a comer. ¿Podrían decirnos dónde está la cocina?" Preguntó una de las personas recién llegadas y el camarero se quedó un poco confundido, sin entender.

Un jovencito guapo sonrió diciendo: "Somos los chefs y pasteleros que su jefe acaba de contratar."

La jefa de sala, al oír el ruido, se apresuró a acercarse y decir: "Soy Zaida, la jefa de sala del restaurante, los guiaré."

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