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El Karma romance Capítulo 805

Raquel se quedó petrificada e incapaz de creer lo que oía, cuestionó: "¿Cómo es posible que seas la dueña?"

Yago también estaba sorprendido, mirándola con una mezcla de incredulidad y sospecha.

Isabel, al ver la incredulidad y la renuencia en sus rostros, se sintió sumamente complacida.

"Si vinieron a comer, disfruten de su comida, pero si vinieron a buscar problemas, les agradecería que se marcharan." Dijo Arlet una vez más.

Raquel y Yago, al ver la reacción de los demás empleados y, aunque les costara aceptarlo, no podían engañarse a sí mismos, pues era evidente que ella era la dueña del restaurante.

Incluso no pudieron terminar de comer, apenas lograron llenarse a medias.

Yago pagó la cuenta y se marcharon con el rabo entre las piernas.

La última vez ellos fueron quienes las echaron del restaurante, en ese momento había llegado su turno.

El karma es un círculo perfecto y nadie escapa de él.

Isabel no podía estar más satisfecha.

Después de bajar por el elevador, Raquel y Yago regresaron a lo suyo, todavía procesando la noticia.

"Yago, lo siento." Dijo Raquel de pronto.

Él se quedó mirándola extrañado, hasta que finalmente le preguntó: "¿Por qué te disculpas?"

Raquel frunció el ceño y sintiéndose culpable, respondió: "Si no fuera por lo de Sofía, no habríamos tenido problemas con ellas, ni se habrían decidido a abrir ese restaurante y tampoco te hubieran robado a tu pastelero."

"¡Qué tontería! Abrir un restaurante no es algo que se haga de un día para otro. Seguramente ya tenían ese plan cuando vinieron la última vez y solo estaban espiando."

Por supuesto, Yago no creía que Arlet hubiera abierto el restaurante por lo sucedido la última vez.

¿Quién haría algo así por tan poca cosa?

Al darse cuenta, Yago se iluminó y dijo: "Raquel, eres un genio."

Ella sonrió y comentó: "Yo no he dicho nada."

Yago la miró, esa vez con más ternura.

Por otro lado, en la casa de la familia Sandell.

Arlet llegó a casa exhausta e Ingrid la miró con preocupación, diciéndole: "Deja que los demás se encarguen y no te desgastes tanto." Luego gritó hacia la cocina: "Greta, trae el caldo que preparaste."

"No estoy cansada." Dijo Arlet y unos minutos después, mientras tomaba su caldo de pollo, observó en la mesa varios vestidos de gala y preguntó: "¿Hay algún evento?"

Ingrid sonrió y contestó: "El anciano Raúl Del Valle celebrará su ochenta cumpleaños."

Esos vestidos ya estaban listos, solo faltaba que Arlet se los probara.

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