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El Karma romance Capítulo 785

Las palabras de la mujer, aunque estaban dirigidas a Arlet, resonaron en el restaurante donde había muchas personas que se sintieron aludidas, pues allí, disfrutando de la comida, más de la mitad de los presentes no eran gente adinerada.

Algunos iban por probar algo nuevo y otros para presumir, había todo tipo de razones, pero las declaraciones de aquella mujer en realidad los insultaban a todos.

Se sentían incómodos al escucharla, pero no se atrevían a replicar, ya que responder significaría admitir la acusación.

Esperaban que la joven específicamente señalada pudiera responder adecuadamente, para sacarles la espina.

Arlet simplemente le lanzó una mirada y no le prestó atención, haciéndole señas al mesero, el cual se acercó con una sonrisa profesional y Arlet aprovechó para preguntarle: "¿En este restaurante existe alguna política que exija vestir marcas de lujo para poder consumir aquí?"

"No." Respondió el mesero.

"Una pregunta más, ¿este restaurante pertenece a esta señora?" Arlet señaló a la mujer que hablaba sin parar.

"No es así." Dijo el mesero con seguridad.

La mujer frecuentaba el lugar, por tanto, conocía su situación. Si fuera la dueña o una pariente de este, seguramente tendría una tarjeta de supermiembro y no una común.

Después de preguntar, Arlet agradeció y miró hacia la mujer con una sonrisa superficial, preguntándole: "¿Entendido?"

Esa palabra contenía un sarcasmo indescriptible.

Los astutos, al escuchar la primera pregunta de Arlet, ya habían entendido y los que no eran tan listos, al oír la última palabra, finalmente captaron la indirecta.

Era un zasca en toda regla.

El restaurante no tenía reglas sobre cómo debían vestir los clientes para consumir y una mera clienta, que no era la dueña, ¿qué derecho tenía a decir lo que se debía hacer?

Justo entonces, una voz clara resonó: "Deberías perdonar cuando puedas."

Una camarera estaba guiando hacia el interior del restaurante a tres mujeres vestidas a la moda, con ropa de diseñador y bolsas de marca. La que habló fue la mujer que caminaba en el centro.

"Raquel." Dijo la mujer casi llorando de frustración al verlas, como si hubiera encontrado un salvavidas.

Raquel Santana se acercó a su mesa y observó a Isabel y Arlet con una sonrisa, su mirada despectiva las barría, como si las considerara insignificantes. Su actitud era como la de alguien que veía a un insecto sin importancia.

Aunque no las insultó con palabras, sus ojos sí lo hacían.

Isabel, de temperamento explosivo, no podía aguantar esa actitud, por eso dijo: "Tú lo dijiste, estamos en lo correcto, del lado de la razón. ¿Cómo es que, estando en lo correcto, tenemos que darle la cara a quien está equivocado?"

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