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El Karma romance Capítulo 784

"Vaya, ahora resulta que ellos conocen mejor las buenas acciones de Alexander." Replicó el hombre de mediana edad con un tono de disgusto, mientras pensaba que ese sujeto realmente era más propenso a estropear las cosas que a hacerlas bien.

"Ya hemos alertado al enemigo esta vez. Este plan, lo pondremos en pausa y esperaremos el momento adecuado para retomarlo." Dijo el hombre de mediana edad.

"Pero no..." Yeray intentó protestar, pero al ver que el hombre de mediana edad estaba realmente enfadado, optó por cerrar la boca y en un momento después, murmuró en voz baja: "Qué aburrido."

Mientras tanto, Alexander y Arlet, estaban escuchando el informe de sus subordinados: "Hemos rastreado hasta el superior de Rubén, pero ahí se pierde la pista."

Ni Alexander ni Arlet se sorprendieron ante tal resultado.

Cuando la persona que les había dado la información se fue, Arlet preguntó: "Alex, ¿crees que fueron esos tipos?"

"Estoy casi seguro." Respondió Alexander, pues aquellas personas eran como ratas escondidas en la oscuridad, que siempre estaban listas para morder.

Viendo a Arlet fruncir el ceño, Alexander sonrió y dijo: "No te preocupes. Si vuelven a actuar, no será difícil encontrarlos. Lo malo sería que no lo hicieran."

Cualquier acción dejaría rastro.

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Era un mediodía de verano y el sol brillaba con fuerza cuando Arlet entró a un recién inaugurado restaurante, el cual estaba en la planta 48 de un alto edificio y a pesar de este no ser el piso más alto, el restaurante se llamaba Nebula's Nectar . Se decía que la comida allí era preparada por chefs de clase mundial, y el costo de una comida empezaba en 3888 pesos, el cual era un precio exorbitante, y aun así, había gente haciendo cola para probarla.

Si Isabel no la hubiera invitado, Arlet, quien era bastante sencilla, ni siquiera sabría de la existencia de un lugar así.

Isabel, llena de entusiasmo, dijo: "La comida aquí es deliciosa, te va a encantar. Hoy pedí el paquete de lujo."

"¿A quién te refieres?" Cuestionó Isabel y la mujer, sorprendida de que ella se atreviera a responder, frunció el ceño, pues no era la primera vez que decía algo así, pero usualmente, al ver su atuendo lujoso, nadie se atrevía a replicar, por eso no esperaba que ese día alguien se le plantara.

La mujer se burló: "A quien le quede el saco, que se lo ponga. Odio a la gente falsa como ustedes. Claramente no tienen dinero, pero actúan como si nadaran en él. Piensan que comiendo una comida costosa ya son ricos, eso es ridículo."

Sus palabras, nada discretas, fueron escuchadas por todos los que estaban en el restaurante, y muchos clientes, especialmente las mujeres bien vestidas, mostraron su desagrado.

Había varias personas allí a quienes ella se refería.

Arlet se giró para ver a la mujer que se creía superior y esta, al notar la mirada de Arlet, la escaneó de arriba abajo con desdén y le dijo: "Aún con esa vestimenta te atreves a entrar aquí. La próxima vez que quieras fingir ser rica, al menos vístete mejor y si no puedes comprar lo original, al menos consigue una buena imitación."

Arlet sonrió sin emitir sonido, preguntándose de dónde venía la sensación de superioridad de esa mujer.

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