Arlet colgó el teléfono de Rosa y acto seguido su mirada se desvió hacia los demás, luego, tomó el celular de Nina y marcó el número del padre de esta, obteniendo un resultado idéntico.
En ese momento todos comprendieron que sus padres no iban a defenderlos por aquel asunto y lo que era aún peor, les habían instruido disculparse con Arlet y llevarse bien con ella. Ese resultado era algo que ninguno podía aceptar.
Arlet observó a ese grupo de jóvenes impactados y esbozó una sonrisa llena de malicia mientras cuestionaba: "¿Creen que si hoy les rompo las piernas, sus familias no se atreverían a decir ni pío?"
Los jóvenes se aterrorizaron y sus miradas de furia se transformaron en puro terror.
"¿Ahora me dirán por qué le tendieron una trampa al profesor Méndez?" Preguntó Arlet y su mirada barrió sobre el grupo, deteniéndose finalmente en Nina y levantando ligeramente su dedo hacia ella, solicitó: "Tú, dímelo."
Nina se sobresaltó, pero estaba reacia a hablar.
"No me hagas repetirlo." Dijo Arlet y su mirada se posó lentamente en las piernas de Nina, la cual tembló, pues la presencia frente a ella emanaba un aura siniestra e inquietante.
"Solo queríamos burlarnos un poco de él, pero nunca imaginamos que las cosas se saldrían de control. No queríamos que pasara esto." Nina se defendió con voz afligida.
"¿Ah sí?" Cuestionó Arlet, luego señaló a Rosa y le ordenó: "Dale dos bofetadas."
Rosa se señaló a sí misma y dijo: "¿Yo?"
"Sí, tú y si no lo haces, entonces dejaremos que Amelia lo haga. Tienes tres segundos para decidir." Arlet habló con una voz sombría y luego comenzó un conteo: "Uno."
Rosa no se atrevió a moverse y Arlet continuó contando: "Dos."
Rosa vaciló y Arlet dijo: "Tres."
Al caer el tercer segundo, Rosa le dio dos bofetadas a Nina, mientras que Arlet, con el celular en mano, grababa ese 'maravilloso' momento.
"Tú." Dijo Arlet y su dedo apuntó hacia Amelia, la cual tembló inmediatamente.
"Piénsalo bien antes de hablar, pues la próxima vez no será tan simple como recibir dos bofetadas." Explicó Arlet.
Amelia apretó los dientes y dijo: "Nina dijo que el profesor Méndez la menospreciaba y por eso quería darle una lección, entonces nos buscó a mí y a Rosi para montar todo este teatro. Nosotras solo queríamos darle un susto, pero nunca pensamos que esto llegaría tan lejos."
"¿Así fue?" Preguntó Arlet y enseguida Rosa y Nina asintieron frenéticamente.
Arlet se puso de pie y se acercó a Nina, una vez que estuvo bien cerca de esta, con una voz baja y un tono gélido, como el susurro de un demonio, le dijo: "Eres muy desobediente."
De repente, Arlet sacó un puñal, cegando a Nina con su brillo y entonces esta última, vio cómo Arlet forzaba el puñal en las manos de Rosa, quien, aterrorizada, no se atrevió a tomarlo, pero fue obligada.
"Te daré una última oportunidad." Dijo Arlet.

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