La mirada de la enfermera se posó en la bolsa de suero colgada arriba, observando cómo el líquido, gota a gota, fluía lentamente a través del delgado tubo de infusión hacia el cuerpo de Arlet.
De repente, Maxi, con sus esbeltas piernas, entró en la habitación y tanto Arlet como Isabel voltearon a verlo al mismo tiempo mientras decían: "Maxi."
"¿Cómo entraste?" Cuestionó Erik, observándolo con disgusto, pero la mirada de Maxi se fijó en Arlet, en cambio, la enfermera le echó un vistazo y, recogiendo sus cosas, se preparó para marcharse.
De repente, un par de manos se interpusieron en su camino y rápidamente, varios guardaespaldas entraron, agarrando a la enfermera por ambos lados.
Todo sucedió tan rápido que Erik y los demás se quedaron atónitos.
Arlet trató de quitarse la aguja de la infusión de inmediato, pero unas manos detuvieron su movimiento y luego escuchó a Maxi decirle: "Está bien."
La enfermera, algo asustada, preguntó: "¿Qué quieren hacer?"
Uno de los guardaespaldas le quitó el nasobuco a la enfermera, y al ver su rostro lleno de pánico, la gente en la habitación no reaccionó demasiado.
"¿Pasó algo?" Preguntó Erik y Maxi le mostró a la enfermera una pequeña botella de vidrio del tamaño de un pulgar, las pupilas de ella se contrajeron al verla, pero rápidamente recuperó la compostura.
"¿Reconoces esto?" Cuestionó Maxi.
"No tengo idea de qué es eso." Dijo la enfermera con desdén.
"No lo sé, pues cuando me llamaron me di cuenta de que la botella estaba en mi bolsa, pero no tengo idea de cómo la pusieron ahí." Respondió la enfermera.
"La botella contiene tetraetilo de plomo, ¿sabes lo que pasa si eso entra en el cuerpo?" Maxi pronunció palabra por palabra y la enfermera tembló mientras intentaba hablar: "Yo... realmente no lo sabía. ¿Pueden perdonarme? Después de todo, no ha pasado nada malo."
Maxi soltó una risa fría, y mirando a los guardaespaldas, preguntó: "¿Está todo grabado?"
Ellos asintieron.
"Llévensela, que la policía se encargue." Dijo Maxi mientras hacía un gesto con la mano y enseguida los guardaespaldas se llevaron a la enfermera, y al salir de la habitación, los médicos y enfermeras del pasillo intentaron intervenir, pero al enterarse de su intento de asesinato aprovechando su posición, se retractaron, aterrados de impedirlo.

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