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El Karma romance Capítulo 680

En el hospital, Erik pasaba todos los días junto a Arlet, y con Isabel, la charlatana, ellos nunca se sentían solos.

Erik estaba chismeando sobre el mundo del espectáculo con Isabel, mientras Arlet escuchaba tranquilamente.

Arlet le echó un vistazo al reloj y miró que ya eran las diez. Según lo habitual, su madre ya debería haber llegado. ¿Cómo era posible que ese día aún no lo había hecho? ¿Acaso había sucedido algo en la casa?

Arlet tomó su celular y le mandó un mensaje a Ingrid, pero minuto después, esta no respondió y ella frunció ligeramente el ceño, ya que cada vez que enviaba un mensaje, su madre casi siempre respondía al instante.

Arlet sintió que algo no estaba bien y rápidamente hizo una llamada, pero nadie contestó del otro lado, por eso ella comenzó a preocuparse e interrumpió a Erik en medio de su charla: “Erik.”

Los dos la miraron, notando su preocupación.

“¿Qué pasa? ¿Te duele algo?” Preguntó Erik con preocupación.

“Voy a llamar al doctor.” Dijo Isabel siguiéndole la corriente.

“No es necesario.” Habló Arlet y luego se dirigió a Erik: “Acabo de mandarle un mensaje a nuestra madre y también llamé, pero nadie contesta.”

“¿Y si se le olvidó el celular? ¿O quizás aún está en casa? Mejor llamemos a casa primero.” Especuló Erik y Arlet se quedó pensativa, pues casi olvida esa posibilidad. De verdad que el preocuparse la hacía perder el norte.

Erik llamó a la casa y preguntó: “Greta, ¿mi mamá está en la casa?”

“Con que alguien eche un vistazo basta. Si sales tú, no estaré tranquila.” Comentó Arlet, ya que si realmente le habían hecho algo a su madre, claramente también se atreverían a hacerle algo a Erik, especialmente siendo este parte central del asunto.

Finalmente, tras convencer a Arlet, enviaron a un guardaespaldas a buscar a Ingrid y justo cuando este se fue, pasó una enfermera con un carrito, y después de que el guardaespaldas que quedó en la entrada verificara su identidad, la dejó pasar.

La enfermera llegó al lado de la cama, echó un vistazo furtivo al guapo Erik, y luego se acercó con una sonrisa a Arlet, diciéndole: “Señorita Sandell, hoy le tocan dos bolsas de suero.”

Arlet extendió su brazo obedientemente, y la enfermera, profesional y cuidadosa, limpió el área y abrió una aguja esterilizada, luego le pidió a Arlet: “Señorita Sandell, por favor, apriete el puño.” Ella hizo lo que la enfermera le dijo y esta, con la aguja en mano, apuntó hacia la vena en el brazo de Arlet y se la insertó, para luego colocar la primera bolsa de suero. Acto seguido sacó de una caja de metal un pequeño frasco de cristal del tamaño de un pulgar, extrajo el líquido con una jeringa y luego lo inyectó en el suero. El líquido transparente se mezcló perfectamente con el que había en la bolsa de suero.

Los tres en la habitación, con su atención y pensamientos puestos en Ingrid, no tenían ánimo para observar a la joven enfermera.

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