La indignación brillaba en los ojos de Isabel mientras procesaba la noticia. Octavio, un descendiente directo de los Ocho Clanes más poderosos de la Ciudad de México, había cruzado una línea al presentar una denuncia contra Arlet. La situación rayaba en lo absurdo.
Arlet apenas recordaba haber intercambiado un par de miradas con él durante alguna fiesta de la alta sociedad. Que ahora surgiera con esta acusación resultaba, cuando menos, sospechoso.
"¿Bajo qué cargos?" preguntó Isabel, su voz teñida de incredulidad.
Pol desvió la mirada hacia Isidro antes de responder. "Por tu guardaespaldas."
"Ah, eso." La respuesta de Arlet destilaba una calma absoluta, como si le hubieran comentado sobre el clima.
Si Octavio consideraba que denunciar a Isidro era algún tipo de triunfo, que siguiera alimentando esa ilusión.
"No lo tomes tan a la ligera," advirtió Pol, desconcertado por su aparente despreocupación. "Esto podría tener consecuencias para ti también."
"No hay nada de qué preocuparse." Arlet señaló con un gesto casual hacia Isidro. "Todo está en perfecta regla legal."
Mientras tanto, en el despacho del director, Octavio desplegaba su actuación de ciudadano preocupado, cada palabra cuidadosamente seleccionada para dar peso a su argumento.
"Director, esta institución representa un santuario del conocimiento. Permitir el ingreso de elementos perturbadores no solo compromete nuestra seguridad, sino que sienta un precedente peligroso. Si no tomamos medidas contundentes, otros seguirán este ejemplo, y nuestro prestigio académico quedará en entredicho."
El director escuchó con atención cada palabra, sus dedos entrelazados sobre el escritorio. Cuando Octavio terminó su elaborado discurso, respondió con una simple frase: "Tienes razón."
"Entonces, sobre la situación de Lynn Arlet Sandell y su acompañante no autorizado..." Octavio se inclinó ligeramente hacia adelante, anticipando su victoria.
Una sonrisa sutil se dibujó en los labios del director. "Me temo que hay un malentendido. La persona en cuestión es un estudiante debidamente matriculado."
"¿Cómo?" La máscara de rectitud de Octavio se resquebrajó por un instante.
Con un movimiento pausado, el director extrajo una carpeta de su escritorio. "Aquí está toda la documentación que lo acredita como alumno regular."


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